"La desaparición de Madame Rose"

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«La desaparición de Madame Rose» («Mon petit doigt m'a dit», Francia,-2005; habl. en francés). Dir.: P. Thomas. Int.: C. Frot, A. Dussollier, G. Bujold, L. Terzieff, V. Kaprisky.

Ni Hercule Poirot ni la señorita Marple: este pequeño y agradable film francés lleva como estrella detectivesca al matrimonio de Prudence y Belisaire, los investigadores menos difundidos de la vasta obra de Agatha Christie, a los cuales la autora de «Diez indiecitos» dedicó una pequeña parte de su producción en el último período de su vida.

Prudence
y Belisaire se conocieron en su juventud, cuando ambos formaban parte del Servicio Secreto Francés; ahora, en la madurez, los tiempos parecen más tranquilos pero algunas costumbres no se pierden: sobre todo ella, cuya curiosidad y temperamento están muy lejos de jubilarse. El film de Pascal Thomas está basado en la novela que en español se llamó «El cuadro», y que en inglés se titula, al igual que la traducción francesa para la película, «By the pricking of my thumbs [ something wicked this way comes]», es decir, «Por el picor de mis dedos [sé que algo malvado se aproxima», una de las líneas más célebres que recitan las brujas en «Macbeth».

Para su puesta en escena (que la producción eligió ambientar en la deslumbrante Saboya francesa, además de afrancesar in extremis a Agatha Christie), el realizador elige un tono compatible con el espíritu de la comedia policial y el mundo de la autora, un sistema tan cerrado en sí mismo que exige que ningún atisbo de crímenes o misterios «reales» puedan ensombrecer la elegancia, el encanto y la agudeza de los diálogos; es decir, el mismo ambiente que requerían las «celulitas grises» de Poirot para poder pensar.

Las tramas christianas (y ésta no es la excepción) supeditan verosimilitud a estilo y realismo a cálculo de posibilidades: aquí, al comenzar el film,
Prudence ( Catherine Frot) y Belisaire (André Dussollier) visitan a la tía Ada en una coqueta residencia para ancianos. El escaso equilibrio de la vieja parienta, sin embargo, no es casi nada al lado de otra de las moradoras del lugar, la misteriosa y aparentemente chiflada Rose Evangelista (la sublime Geneviève Bujold, actriz favorita de Alan Rudolph). No va a pasar mucho tiempo para que ambas desaparezcan de escena, y por diferentes motivos. Si Prudence está ansiosa (al igual que el espectador) ve llegada la hora de empezar las pesquisas, el más renuente Belisaire considera que su castigo ha empezado: contener a su esposa, pero sin dejar de contribuir con la investigación que se impone.

Algunos de los misterios que, antes de desaparecer, dejó deslizar madame Rose, tienen que ver con crímenes y conspiraciones del pasado, que por supuesto explicarían enigmas del presente. La clave es un cuadro: un paisaje campestre visto desde un tren, posiblemente, donde se divisa la parte trasera de una casa.

Las «celulitas grises» de Prudence, al verlo, le dicen que esa pintura es algo más que un
«dejà vu», y que la evocación podría estar muy cerca de allí. Lo misterioso que se vuelve familiar, y luego (es Agatha Christie), nuevamente misterioso. Y demasiado: la pareja marcha hacia esa casa, poblada por un microuniverso de personajes estrambóticos, siniestros, simpáticos (hasta aparece la ex vampiresa Valery Kaprisky y el veterano de tanto film francés Laurent Terzieff), con una sobrecargada acumulación de claves y misterios, cuya resolución, por supuesto, siempre tratará de ser impedida por alguien. «La desaparición de Madame Rose» tiene un inevitable sesgo de «película PAMI», pero permite ser visto con agrado.

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