En «La jugada» regresa el veterano realizador inglés Mike Hodges con un film que va más allá del policial tradicional.
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En primer término, cuenta la historia de un joven a quien su padre le consigue trabajo en un casino. Pronto sabremos que el muchacho ya había sido croupier en Sudáfrica, no pensaba volver a ese tipo de ambientes, y lo hace sólo porque espera hallar ahí los motivos para una buena novela. El quiere ser novelista. Y así, de a poco, se irá desdoblando entre el que observa y toma apuntes, y el que reparte las cartas, y por su habilidad puede participar incluso en algún desfalco.
¿Y acaso hay mejor asunto para una novela sobre los casinos, que un buen delito cometido con, por lo menos, tres mujeres alrededor del protagonista? Una es su novia, personal de seguridad que afirma la honradez del protagonista. Otra es una clienta, con algo del ancestral continente negro avivando Típico de
Y ahí, si uno quiere, vamos a la otra cosa, que está para el que quiera verla, y si no, no importa: la reflexión del autor sobre su obra. En los títulos de presentación, donde director y libretista comparten la autoría, en cierto manejo del off y de la cámara (por ejemplo, cuando el personaje observador se siente por encima de todos y la cámara se eleva en cenital), en alguna máxima del gran narrador
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