13 de enero 2002 - 00:00
La máscara de Hollywood
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Rodolfo Valentino (1895-1926). Antes de triunfar en Hollywood, este italiano de modales «silvestres» se ganó la vida como bailarín, gigoló y acompañante en antros de París y Nueva York. En sus seis años de estrellato su estilo abiertamente sexual marcó época. Fuera de la pantalla, participó en orgías colectivas. Murió antes de cumplir los 30.
Cary Grant (1904-1986). Fue el prototipo de hombre educado, atractivo y un poquito sinvergüenza. A principios de los 30, compartió casa y dormitorio con el también actor Randolph Scott. Llegó a casarse cinco veces. Hitchcock quiso contar con él y con Montgomery Clift para «Festín diabólico» y ambos se negaron a interpretar a dos asesinos gays.
Greta Garbo (1905-1990). Fascinó a los cinéfilos de los 30, 40 y 50. Dejó plantado en el altar al galán John Gilbert y tuvo que pagar a una de sus ex amantes, Mercedes de Costa, para que no airease sus cartas de amor.
Burt Lancaster (1913-1994). Desde su primera película como protagonista se ganó una fama de intérprete arrollador. Kate Buford, su biógrafa más despiadada, lo define como divo caprichoso que despreciaba a sus esposas. Según ella, fue bisexual, participó en orgías con marines en casa de Rock Hudson, y mantuvo estrechas relaciones con Tony Curtis y su amigo de infancia Nick Cravat.
Rock Hudson (1925-1985). Fornido, viril, canalla y mujeriego: esa fue la imagen que durante décadas ofreció este fotogénico y limitado actor a millones de fans. Detrás de esta fachada, fue un homosexual sin complejos. El sida lo obligó a «salir del armario» y defender en público la causa homosexual.
James Dean (1931-1955). Era aficionado al sadomasoquismo y al erotismo bizarro. Algunos de sus amigos lo llamaban «cenicero humano», por su afición a dejarse quemar el pecho con cigarrillos. Tras un romance de fotonovela con la actriz suicida Pier Angeli, se convirtió en el esclavo sexual de Maila Nurmi, alias la Vampira, musa de Ed Wood.



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