7 de agosto 2007 - 00:00

La primera dama española no filosofa pero canta muy bien

Sonsoles Espinosa (centro), esposa de Rodríguez Zapatero,cantó en el Coliseo con La Capilla Real de Madrid.
Sonsoles Espinosa (centro), esposa de Rodríguez Zapatero, cantó en el Coliseo con La Capilla Real de Madrid.
La Capilla Real de Madrid. Dir.: O. Gershensohn. Solistas, coro y orquesta. Obras de J. S. Bach, G. F. Haendel, F. Corselli y J. De Nebra. (Teatro Coliseo.)

El Mozarteum presentó a uno de los más prestigiosos conjuntos europeos de música antigua con instrumentos históricos, La Capilla Real de Madrid, fundada en 1992 por el argentino Oscar Gershensohn, su actual director.

Especializado en el repertorio de los siglos XVI, XVII y XVIII, el conjunto está conformado por instrumentistas de cuerdas, vientos y percusión y un coro de dieciocho voces, en cuyas filas revista, discretamente (vale decir sin anuncio previo de ningún tipo), la primera dama española Sonsoles Espinosa. Además de la esposa del presidente del gobierno español, en ese coro están también los notables cantantes que cumplieron con los roles solistas de las distintas obras abordadas. Son ellos, las sopranos María Inmaculada Férez, Mercedes Arcuri (también argentina) y Sara Matarranz; la contralto Marta Infante, el tenor alemán Marcus Ullmann y el bajo José Antonio Carril.

Todos tuvieron destacadas actuaciones en el programa cuya primera parte estuvo integrado por el fragmento «Kommt, eilet und laufet» (Oster Oratorium), BWV 249, del Oratorio de Pascua, de Bach y el «Foundling Hospital Anthem», HWV 268 ( Cántico para el hospicio), versión 1749, de Haendel. La segunda, contó con la «Missa Brevis de Palacio», de 1746, de Francisco Corselli y la selección de la zarzuela barroca «Ifigenia en Tracia» (Para obsequio a la Deidad, nunca es culto la Crueldad), de José De Nebra. Tanto las versiones de Bach y Haendel como las de los casi desconocidos Corselli y De Nebra se oyeron en versiones perfectamente articuladas y fieles al estilo de la época de composición, evitando siempre los aditamentos de la expresividad romántica.

Gershensohn utilizó una dinámica que, si bien respetó los parámetros epocales para la música de Capilla del barroco, contagió una vivacidad que va muy bien con nuestro tiempo, siendo siempre comunicativo en su equilibrada emoción. Los instrumentos históricos respondieron muy bien a la precisión del gesto del director, sólo dificultado por un problema con el órgano (no se tocó una obertura de Haendel por ese motivo) y las siempre erráticas afinaciones de las trompetas, como ocurre siempre en todos los conjuntos antiguos.

Las voces cumplieron ajustadamente con las partes solistas y hasta lograron diversión en los fragmentos de la zarzuela, que se cantó en español como corresponde y con mucho requiebro por parte de los cantantes y los miembros del coro.

Tras los aplausos, el conjuntoy su director ofrecieron un nuevo coro festivo y ceremonial de la Cantata N° 34 de Bach, a modo de despedida.

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