25 de septiembre 2002 - 00:00

La puesta, lo mejor de un "Stefano" algo frío

Luis Brandoni
Luis Brandoni
Aunque correcta, la versión de Gené resta emoción a la obra

«Stefano», de A. Discépolo. Dir.: J.C. Gené. Esc.: G. De la Torre. Mús.: L.M. Serra. Audiov.: M. León. Int.: L. Brandoni. H. Roca, B. Spelzini, P. Santalla, D. Tedeschi, D. Catz, M. Miquelarena. (Teatro Nacional Cervantes.)


E n su versión de la ya clásica «Stefano», Juan Carlos Gené optó por transformar el problema individual del protagonista -un artista de alma incapaz de expresar la grandeza de su espíritu y cuya obra permanece en su fantasía- en un problema social: el de los inmigrantes que no encontraron en el país las oportunidades que en su tierra se les negaron.

La obra así encarada pierde parte de su entrañable emoción y resulta fría, salvo en la escena entre Pastore (el discípulo) y el protagonista, volcada con patetismo en las interpretaciones de Luis Brandoni y Horacio Roca.
 
El resto del elenco aparece desdibujado y el carácter casi de «macchieta» que adquieren los personajes de los padres, encarnados por
Perla Santalla y Manuel Tedeschi, resta emoción al resultado. Por otra parte, la inclusión de las palabras de Alberdi al comienzo subyaran el efecto de distanciamiento.

Pero, hay verdaderos hallazgos en la puesta: La inclusión de las enormes diapositivas que muestran el desembarco de los inmigrantes y se funden luego con la escena como arte de magia; o el comienzo de la obra con el entierro del protagonista y el final, con las imágenes de la familia que parece como perdida en medio de los enormes fardos que atiborran el puerto.

La interpretación de Luis Brandoni es potente, aunque demasiado grandilocuente, tal vez porque en la lectura de Gené el drama se convierte en tragedia; interpretación válida, ya que quienes deciden la desdicha o la fortuna del hombre actual no son los dioses caprichosos y omnipotentes, sino que éstas son producto de la injusticia y la indiferencia de los que detentan el poder.

Gené
ha acercado el espíritu de «Stefano» al de algunos personajes de Arthur Miller («La muerte de un viajante» y «Panorama desde el puente»). El Willy Loman de Dustin Hoffman en última versión cinematográfica se asemeja a St efano, en una visión que puede compartirse o no, pero también es válida. Con un elenco más sólido, los resultados hubieran sido aun más felices.

La escenografía de Guillermo de la Torre y el conmovedor audiovisual de Marcelo León resultan, a la postre, los verdaderos protagonistas de la puesta.

Dicho sea de paso, el estreno de este
«Stefano» comenzó en la calle con un «escrache» organizado por la «Coordinadora Multisectorial de los Trabajadores de la Cultura», dedicado especialmente al secretario de Cultura de la Nación, Rubén Stella, y a Brandoni, a quienes se acusaba en un volante de amiguismo e indiferencia. El público tuvo que pasar por debajo de un banderín negro para ingresar a la sala. Resignada y acostumbrada a las protestas, la gente no le prestó mucha atención a la consigna que rezaba: «Para los amigos, todo, para los otros trabajadores nada».

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