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29 de abril 2010 - 22:13

La vigencia del mago del suspenso

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Treinta años después de su muerte, la sombra de Alfred Hitchcock continúa reconocible, ya que la vigencia de su cine sigue inalterable.

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El cine debe mucho más a Hitchcock que un solo género. Todo giraba alrededor de unos ejes reconocibles: un falso culpable, una mujer rubia o un policía del que burlarse.

Pero los críticos y posteriores cineastas de "Cahiers du Cinéma", especialmente Truffaut en su libro "El cine según Hitchcock", fueron los primeros en leer entre líneas. En sentir que en la receta del maestro había más de un ingrediente y en la planificación de su cine escudriñaron las claves del cine moderno, porque Hitchcock manipuló a su público a nivel subliminal con una inocente cámara.

Alfred Hitchcock, nacido en Londres en 1899 pero nacionalizado estadounidense, no era un cineasta condescendiente con el débil. Disfrutaba mostrando la crueldad del instinto de supervivencia: el villano era más fascinante que el héroe, como en "Extraños en un tren". La madre devoraba psicológicamente al hijo, como en "Psicosis". Y la naturaleza imponía sus leyes a capricho, como en "Los pájaros".

Hoy, Hitchcock parece el más vivo de los cineastas desaparecidos. Incluso en la cartelera se proyectan homenajes a su cine como "La isla siniestra", de Martin Scorsese. Conociendo como conocía las claves de la muerte, supo acceder sin trabas a la inmortalidad.

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