16 de noviembre 2001 - 00:00

Las mujeres lograron que la crisis del teatro sea menor

La obra de Eve Ensler "Monólogos de la vagina" reunió, desde marzo hasta hoy, más de 150.000 espectadores y se convirtió, de esa manera, en una de las obras más exitosas del año. La pieza provocó, además (y al igual que lo que ocurre en casi todo el mundo), las más dispares reacciones en la platea, que no se limitaron al habitual marco de la sala de teatro sino que hubo también charlas, lecturas y representaciones gratuitas en sectores populares. Por cláusula, aun cuando la función fuera sin cargo, todo espectador debió dejar un peso para un fondo de ONGs propuestas por el Consejo Nacional de la Mujer.

Pietra, Blum y Bruzzo, el elenco de la obra
Pietra, Blum y Bruzzo, el elenco de la obra
Que «Monólogos de la vagina» se haya convertido en uno de los mayores éxitos comerciales del año ya permitiría al empresario teatral Pablo Kompel (propietario del Complejo La Plaza) contradecir la frase que Carlos Rottemberg repite incansablemente estos días: «Es el negocio teatral lo que está en crisis no el teatro».

Conversando con este diario, el joven empresario va más lejos aún: «La frase de Carlos, a quien aprecio, me parece poco más que un juego de palabras. Hace mucho que acá se habla de crisis del teatro, pero para hablar de crisis en este país hoy, hay que hablar de todo, de los productores de leche o de cualquier otra cosa. Como en toda actividad, en el teatro, todos los años hay dos o tres espectáculos que pueden hacer un buen papel. 'Monólogos...' es un éxito indudablemente y sé que en una Argentina no recesiva hubiese tenido una dimensión aún mayor. Se movería otra masa de gente, pero también habría más gente comprando en los supermercados».

Para redondear, Kompel dice que «el teatro siempre fue un negocio de riesgo; uno se juega siempre, y los éxitos no contradicen esa regla». Sin duda sabe lo que dice. No hace mucho perdió plata con la versión que protagonizaron Soledad Silveyra y Osvaldo Laport del internacionalmente exitoso «El cuarto azul».

En cuanto al producto propiamente dicho, aunque mucha gente -los críticos, en primer lugar-se resiste a reconocerle valores artísticos e incluso su utilidad como «denuncia» sobre la situación de la mujer en el mundo, las reacciones que provocó la pieza de la norteamericana Eve Ensler en nuestro medio son, por lo menos, curiosas.

Según recuerda Kompel, «Yo compré los derechos de la obra y la tuve en un cajón dos años, en los cuales no dejaron de haber comentarios de todos los colores y tipos, y yo siempre supe que cuando se estrenara no iba a haber medias tintas: o provocaba un rechazo total o esto que pasó.»

Preguntado por el tenor de esos comentarios, Kompel explica que empezaban por el escozor que produce lo que él mismo llama eufemísticamente «la palabra» (vagina). Insólitamente -o no-, el resquemor contra la temida palabrita no provino de ninguna liga de defensa de la moral, como tal vez temieran Kompel y sus consejeros de entonces, sino de sectores impensados. Baste decir que este diario fue el primero que la citó en un título, y que Mirtha Legrand hizo fracasar un almuerzo con un trío de actrices, porque, según dijo, la ponía incómoda «esa» palabra.

Lo mismo pasó con ciertas actrices que, como el
Bartleby de Melville, prefirieron no hacerla. No por nada, Betiana Blum, Alicia Bruzzo y Andrea Pietra, el trío de actrices que estrenó la obra en marzo, fue premiado con la gira nacional por ser las primeras en arriesgarse a andar diciendo esas cosas en público.

Para
Kompel, «era natural» que así fuera, «porque es un elenco que tiene la camiseta muy puesta desde el primer momento». Tampoco niega que también en esa elección hay una decisión comercial. «Una cosa es que las actrices roten en Buenos Aires y otra en las giras, donde lo que rota es el ámbito en el que se hace la obra». Y adelanta que después del verano, seguramente la gira la hará otro trío «para aprovechar esa corriente que se ha generado».

Claro que, a medida que el fenómeno crecía (y con él el porcentaje que reciben las intérpretes, como casi todos los que participan de una u otra manera), las resistencias fueron cayendo como para que hoy, a 8 meses del estreno, ya sean 18 las actrices con buen cartel, y hasta con premios, que pasaron por el Paseo La Plaza. Es más, Kompel ha conseguido algo que muchos han intentado sin éxito en los últimos 10 años: volver a juntar a Las Gambas al Ajillo ( Alejandra Flechner, Verónica Llinás y María José Gabin) para que la representen el año que viene. Habrá que ver lo que hacen con este material las mismas talentosas comediantes que cuando todavía eran Gambas, en su espectáculo «La débacle show» ironizaron sobre asuntos parecidos en un desopilante sketch de feministas. Apuntemos aquí que en el verano, además del de Buenos Aires, habrá otros tres elencos representando «Monólogos de la vagina» en Mar del Plata, Punta del Este y Carlos Paz.

En cuanto a la repercusión, asistiendo a cualquier función se puede comprobar que el grueso del público, que llenó ya más de 300 teatros entre Buenos Aires y el interior del país, está compuesto de mujeres. Al respecto,
Kompel opina que «además de que en este caso se trata una temática netamente femenina, la mujer es la que decide en casi todos los casos la salida teatral en Buenos Aires; ellas son las que convierten en éxito los éxitos». Aclara, no obstante, que «la mayoría de los hombres que vieron la obra no se han sentido afuera».

Extramuros

Al éxito comercial de esta obra, hay que agregarle algunos plus ciertamente interesantes. La autora, Eve Ensler, impuso una cláusula según la cual dondequiera que se represente su obra se debe destinar un porcentaje del precio de la entrada (en la Argentina se aporta un peso) a distintas asociaciones de defensa de la mujer. Según informa la producción, sumadas las 127.626 entradas efectivamente vendidas en todo el país a las de cartelera, invitados, sponsors etcétera, darían hasta el momento 150.000 pesos a las asociaciones no gubernamentales que el Consejo Nacional de la Mujer propone y Kompel dispone. No es para menos, dicen esas fuentes: al principio se presentaron en busca de ese aporte hasta asociaciones de travestis.

Aun si se acepta que el contenido de estos monólogos puede tener efectos relativos sobre plateas de clase media, como puede ser la de la Ciudad de Buenos Aires (la entrada cuesta alrededor de 20 pesos) hay otras que demuestran lo contrario. Como se sabe, las funciones regulares se complementan con charlas, lecturas y representaciones gratuitas destinadas a sectores populares.

Quienes presenciaron la electrizante representación de estos monólogos en la cárcel de mujeres de Ezeiza el martes a la tarde, seguramente avalan la -reconozcamos que sincera-opinión de
Kompel sobre que «es más atractivo e interesante lo que la obra dispara en las diferentes plateas que la obra misma». Si no que lo digan las actrices (de nuevo Blum-Br uzzo-Pietra) que ese día bajaron llorando del escenario.

La pieza terminará su temporada 2001 el 25 de noviembre, para coincidir con el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, que sus responsables se disponen a celebrar con distintas actividades dirigidas principalmente a esos sectores de extramuros. Entre ellas, cabe destacar a primera vista, la versión que protagonizarán un día antes amas de casa del Barrio Rivadavia del Bajo Flores, dirigidas por una de las actrices, bajo el título
«Monólogos de las vecinas».

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