“Cualquiera que lee con pasión encuentra en la literatura una bitácora para vivir” sostiene Alan Pauls que acaba de publicar “Trance” (Ampersand), ensayo sobre literatura, y la reedición de “La vida descalzo”. Dialogamos con él.
"Leer con pasión es encontrar una buena bitácora para la vida"
"La vida descalzo", libro de verano, está pensado como un texto que reflexiona sobre el leer en la playa.
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Periodista: ¿“La vida descalzo” es un libro de verano?
Alan Pauls: Siempre lo pensé así. Me gustaba la idea de imaginar a alguien en la playa leyendo un libro sobre la playa. Hay en ese libro una intención de inocular una pizca de conciencia a esa situación inconsciente que es la que uno vive cuando va a la playa. Llevando a reflexionar si está bien la convivencia social en la playa o no, si la playa es un objeto natural o cultural, esas cosas que discuto en el libro. Me gustaba el desafío de si es posible que un sujeto de playa sea reflexivo. Cuando me propusieron editar el conjunto de mis libros en Random me pareció bien comenzar la serie con “La vida descalzo”.
P.: Es un libro que es ensayo, miscelánea, relato.
A.P.: Mí ideal era escribir algo que fuera el contexto donde aparecía, circulaba, el que decidía a qué género pertenecía. Es una buena forma de escritura para mí. Siempre hay acentos, énfasis o tonos que empujan un texto más hacia un lado que a otro.
P.: En “La vida descalzo” el narrador comenta las penas de un amigo y dice “si hubiera leído a Proust, no habría sentido lo que siente”.
A.P.: Se trata de un uso de la literatura que para mí es muy importante: tomar la literatura como un guión de vida. Es la idea del Quijote, pero desvinculada de la mitología de la locura, y vinculada con un programa para vivir. Cualquiera que lee con cierta pasión hace de la literatura una especie de bitácora para vivir. No es tanto la idea de que la literatura refleja la vida como que la vida sigue los dictados de la literatura, de ciertas ficciones.
P.: De todo eso habla en “Trance”.
A.P.: “La vida descalzo” termina cuando el niño impedido de ir a la playa por una enfermedad descubre el que va a ser el placer de su vida, la lectura. “Trance” es la crónica de ese placer que lleva una vida. Esos dos libros están ligados. Cada libro me es interesante en tanto me plantea algún tipo de misterio. Y para descifrar ese misterio uno empieza a improvisar estrategias, formas, se evade por lo que conocía. “La vida descalzo”, que es un libro a pedido, es sobre la playa, sobre Úrsula Andress saliendo del mar en “Satánico Dr. No”, pasando por Camus, Rohmer, Spielberg, mis experiencias de niño en Villa Gesell en los 60. Hay algo en el ensayo que lo convierte en la forma ideal para mí, mucho más que la novela.
P.: “Trance” habla de la lectura, de la literatura, tema a tema, lo que lo acerca al “Barthes por Barthes” que usted tradujo recientemente.
A.P.: Barthes me da el orden alfabético como una estrategia retórica. En el ensayo las referencias son Benjamin y Barthes, y Barthes es la versión contemporánea y francesa de Benjamin.
P.: ¿Está cerrada la trilogía novelística dedicada a los a los años 70, “Historia del llanto”, “Historia del pelo”, “Historia del dinero”, y que algunos relacionan con “El pasado”?
A.P.: Sí. Creo que seguimos igual en una cierta órbita setentista, que ahora encontró su antagonista. América Latina es un fenómeno realmente extraordinario que está perdiendo originalidad. Pero no sólo miremos lo que pasa en Venezuela o en Brasil, miremos lo que pasa en Estados Unidos, en Austria, en Italia; la Argentina es un país catástrofe como todos sabemos. Me temo que no hay lugar en el mundo donde uno pueda decir: me sentiría cómodo en este orden social. El mundo se ha puesto bastante preocupante.




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