21 de enero 2004 - 00:00

Libro de secretos casi sin secretos

Libro de secretos casi sin secretos
«Deber Real» de Paul Burrell. (Emecé, Bs. As., 2003, 397 págs.)

C
omo mayordomo y hombre de confianza de la princesa Diana, Paul Burrell guarda muchos secretos sobre la mujer que encandiló al mundo con su carisma de superstar y su marcada inclinación por los necesitados. Sin embargo, lo que motivó la publicación de este libro fue la necesidad del autor de dar a conocer su versión acerca del escandaloso juicio que atravesó en 2002, cuando fue acusado de robar diversos objetos de valor pertenecientes a Diana y al Príncipe Carlos. El mayordomo fue sobreseído de culpa y cargo gracias a la intervención de la reina Isabel II, a quien ya le había anticipado su decisión de poner a resguardo algunas pertenencias y papeles privados de Diana hasta que hallasen un destino digno de su memoria.

Los recuerdos de Burrell se remotan a su propia infancia de chico de pueblo habituado a las privaciones, pero ambicioso y dispuesto a salir de la miseria. Una vez egresado de la carrera de hotelería y luego de una breve experiencia laboral, el joven Burrell fue aceptado en el Palacio de Buckingham, donde logró un rápido ascenso. El shock que le produjo haber accedido a la nobleza está narrado con simpatía y colorido.

Salvo en las últimas páginas, cuando la desaparición física de la princesa de Gales lo hunde en una profunda depresión, que trae aparejado su imprevisto destierro de la corte real. Este moderno «Ceniciento» no pierde detalle cuando se trata de describir los gustos de la reina, las intrigas palaciegas o los complejos rituales del protocolo.

También brinda un retrato muy vívido y verosímil de cada uno de los miembros de la familia real. Fuera de Lady Di, la única persona que merece todo su afecto y aprobación es la Reina de Inglaterra. Entre los personajes más denostados se lleva las palmas el joven multimillonario Dodie Al Fayed, quien a pesar de haber muerto junto a Diana nunca llegó a conquistar el corazón de la princesa. Burrell lo desprecia por su conocida inclinación a la droga, el alcohol y las prostitutas.

El tono novelesco de la narración disimula algunos baches informativos generados por la exagerada discreción de su autor (el ex mayordomo sigue defendiendo los secretos de su dama). Por otra parte insiste en hacer un paralelo entre la familia real y su pequeño mundo privado, lo que no siempre resulta interesante, por más que Diana haya sido «una amiga muy entrañable» para la familia Burrell. Ella nunca dejó de ser «la jefa» y eso también tuvo su costo. «Como decía el ama de llaves de 'Gosford Park': 'Ser un sirviente perfecto significa no tener vida propia'». Tal la conclusión de Burrell.

Patricia Espinosa

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