28 de enero 2005 - 00:00

Lindos paisajes, pero de suspenso casi nada

Woody Harrelson y Pierce Brosnan en una de las escenas pretendidamente divertidas que sólo cortan el ya débil suspenso de la floja y dispendiosa (de millones de dólares) «Al caer la noche».
Woody Harrelson y Pierce Brosnan en una de las escenas pretendidamente divertidas que sólo cortan el ya débil suspenso de la floja y dispendiosa (de millones de dólares) «Al caer la noche».
«Al caer la noche» (After the Sunset, EE.UU., 2004, habl. en inglés) Dir.: B. Ratner. Int.: P. Brosnan, S. Hayek, W. Harrelson, D. Cheadle, N. Harris, Ch. Penn.

Los ladrones elegantes y divertidos dedicados a dar golpes millonarios en medio de las más bonitas postales turísticas, se están convirtiendo en los criminales más impunes del cine policial moderno, no sólo por el modo en el que llevan adelante sus robos, sino más que nada por la falta de pasión, imaginación y audacia con la que sus realizadores planean estos trabajitos. A falta de profesionales talentosos como los del «Rififi» de Jules Dassin, y sin el humor de Hitchcock y el carisma de Cary Grant o Grace Kelly, lo único que se puede hacer es sobornar al jurado, es decir, arrojarle constantemente al público toda la gama de escenas sobreproducidas que se puedan filmar en las Bahamas.

Sin una buena idea para volver interesante la típica escena en la que un ladrón percibe que lo sigue un policía demasiado obvio, nadie se toma el esfuerzo de pensar nada, salvo cómo gastar un dineral (en este caso 60 millones de dólares) en llenar las calles de extras, fiestas típicas y vestuarios multicolores. A veces, tanto despliegue de medios de producción solo consigue volver ruidoso e insoportable un tranquilo lugar común del género que en realidad no molestaba para nada.

Como la película está protagonizada por Pierce Brosnan y Salma Hayek encarnando a una pareja de ladrones geniales que se retiran al trópico a disfrutar de tanto dinero mal habido, está claro que el actor que salva el día es el agente federal Woody Harrelson. Por suerte también está Don Cheadle para salvar el honor de los ladrones, que en este tipo de producto necesariamente deben resultar más simpáticos que los poco refinados policías resentidos por de no poder detener a sus mucho más sutiles rivales.

No se puede tomar en serio un policial que se esfuerza tanto por cortar el débil suspenso con un chiste que no hace reír. Pero la verdad es que por mal que pueda sonar esto, hay delitos más graves. Si el talento involucrado se gana la libertad condicional es por la modestia y moderación que los llevó a no pasar los 97 minutos de proyección, lo que los convierte en lo más parecido al buen ladrón de los robos fashion del cine del siglo XXI.

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