19 de diciembre 2006 - 00:00
Llevan a Inglaterra la obra de Grippo
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Analogía I, la primera «papa-batería» de Grippo de 1970, como una metáfora de la conciencia
humana.
La papa no fue elegida arbitrariamente: producto de origen sudamericano, los europeos la conocieron a mediados del siglo XVI y revolucionó su dieta. «Siempre de chico me intrigó la papa. Hice una radio que funcionaba con una de ellas que le saqué a mi mamá. Años después ese juguete se transformó en una obra pedagógica que ponía de manifiesto una fuente de energía no tradicional», recordaba el artista.
La equivalencia entre el alimento físico y el alimento espiritual, entre cuerpo y alma, deja paso a la invitación para que América Latina se busque a sí misma en su propia cultura y sus propios hábitos, a fin de existir en plenitud, para conciencia de su existir, de su ser.
Grippo hizo vibrar esa certeza latinoamericanista en todas sus creaciones. Lo retomó desde otro enfoque cuando expuso Horno popular de pan en la muestra «Escultura, Follage y Ruidos II» (1972) en el proyecto CAYC al Aire Libre, instalada en la Plaza Roberto Arlt y clausurada diez días después por las autoridades militares de entonces.
En obras posteriores, Grippo rescató antiguas manualidades como en Algunos oficios, un homenaje al herrero, el albañil, el agricultor y el carpintero. En Tabla, continúa la recuperación de los elementos del vivir cotidiano, pero en este caso se trató de una sencilla mesa de madera, gastada por el uso. Con el Grupo CAYC, Grippo participó, entre otras muestras, en «Arte de Sistemas» en el Museo de Arte Moderno (1971), «Hacia un perfil del arte latinoamericano», en la III Bienal Coltejer de Medelín, Colombia (1972). «Arte de sistemas en Latinoamérica» en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres, en 1974; y luego en el Espace Cardin, París, en 1975. «Latinoamérica 76» en la Fundación Joan Miró de Barcelona, en ese año también expusieron en el Palacio del Diamante de Ferrara y en el Internacional Cultureel Centrum de Amberes, dirigido por Flor Bex.
En 1978, en el Louisiana Museum de Copenhague, y en 1979, mostraron sus obras en el Palais des Beaux Arts de Bruselas. «Los mitos del oro» fue la presentación en la I Bienal Latinoamericana de Sao Paulo, y en 1980 expusieron en ROSC'80", Cuadrienal de Arte de Dublín, Irlanda, invitado por Dorothy Walter, directora del encuentro. «Hacia el fin de la Segunda Edad Media», en el Museo Cantonal de Bellas Artes de Lausana, convocados por el historiador René Berger, en 1983.
En 1985, el grupo presentó sus obras en el Loeb Center de Nueva York y en la XLII Bienal Internacional de Venecia (1986), Argentina fue representada por «La consagración de la primavera». Luego expusieron «Eldorado» en la XXI Bienal Internacional de Sao Paulo en 1991, y «El observador observado» en la IV Bienal de Arte de La Habana en 1992; «América en Oriente» en The Striped House, Museum of Art, Tokio, en1993. En el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile en 1994.
Mesas de trabajo y reflexión, que da título a la muestra de Grippo que se presenta en Londres, es una obra que también comenta Macgregor: señala que el artista se refiere a las mesas como un recordatorio poético del papel que los objetos cotidianos juegan en nuestras vidas.
Actualmente propiedad de la Tate -recuerda Adrian Searle en su artículo en el Guardian de Londres-, las mesas están usadas y con textos manuscritos. La mesa es un palimpsesto de pensamientos, palabras dichas y no dichas, las comidas, las bebidas los libros y las miradas que pasaron sobre ella. La fecunda producción de Grippo, que reivindica las leyes de la Naturaleza, los alimentos, los utensilios, los oficios, postula que América Latina ha de buscarse a sí misma en su propia cultura y sus propios hábitos, si desea existir en plenitud.
El conceptualismo argentino y del resto de la América latina fue de crítica social, a diferencia del estadounidense, más interesado en la estética. Pero Grippo fue esencialmente, un poeta conceptual. Amor a los oficios en un mundo de máquinas, amor a la humanidad en un mundo alienado, amor a los objetos cotidianos en un mundo de simulacros, amor a las pequeñas cosas en un mundo de monumentalidades, amor a los procesos naturales en un mundo rebosante de artificios, amor a la vida en un mundo de violencia y muerte, amor a la ciencia como aproximación al misterio y al arte como dador de luz, en un mundo donde las utopías han desaparecido.
En su obra, arte, ciencia y pensamiento descansan sobre una firme base ética o, mejor, son el resultado de una arraigada necesidad moral que constituye el centro de su operatoria. « Habría que plantearse un humanismo para el futuro -sostuvo-que contenga o integre las máximas circunstancias del hombre, como catalizador positivo, como transformador, y como ser constructivo».




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