19 de diciembre 2006 - 00:00

Llevan a Inglaterra la obra de Grippo

Analogía I, la primera «papa-batería» de Grippo de 1970, como una metáfora de la concienciahumana.
Analogía I, la primera «papa-batería» de Grippo de 1970, como una metáfora de la conciencia humana.
En su programa actual centrado en la presentación de esculturas e instalaciones, el Camden Arts Centre de Londres acaba de inaugurar una muestra de Víctor Grippo, cuya obra fue comentada en una conferencia por el escritor y curador Gilane Tawadros. «La transformación es uno de los principios destacados de la obra de Grippo: transformación de la materia en energía, la ciencia en arte, lo rural en urbano, la vida en muerte», señala en el prólogo Elizabeth Ann Macgregor, directora del Museo de Arte Contemporáneo de Sydney.

«Sin pensarlo, fui articulando algunos símbolos: los alimentos del hombre, la energía y la rosa, los desequilibrios y las consecuentes transformaciones, para contribuir en algo al fuego renovador que no siempre significa cambio, si no hay conciencia de lo conservable», había señalado el artista.

Nacido en Junín, Grippo (1936-2002) estudió Química y Diseño en la Universidad Nacional de La Plata. Pero eligió el arte y presentó una primera exposición individual en 1966, cuando se radicó en Buenos Aires. Su obra se afianzó a partir de la década del 70. En esos momentos se unió al Grupo CAYC, entre cuyos fundadores se cuenta a partir de 1971, e introduce el conceptualismo en la Argentina.

Por ello la semana pasada, en su charla sobre Grippo, el teórico inglés Guy Brett proyectó un video sobre el Grupo CAYC, recordó su primera visita a Buenos Aires a comienzos de los setenta y su posterior contacto hacia 1973, cuando se expuso «Arte de Sistemas» en el ICA (Instituto de Arte Contemporáneo) en Londres. Entre otras obras Brett se refirió a Analogía I, la primera «papa-batería» de Grippo de 1970, como una metáfora de la conciencia humana: hoy es la obra que ilustra la tapa del catálogo del Camden Arts Centre.

  • Fuente de energía

  • Realizada en madera, pintura y circuitos eléctricos. Consiste en cuarenta papas ubicadas en otras tantas celdillas de madera, y unidas por electrodos de cobre y zinc que permiten medir la energía de los tubérculos por medio de un voltímetro. Un texto informa acerca de lo enunciado en la obra: la generación de electricidad por las papas, y la de autoconciencia por el ser humano, como ampliaciones de la función cotidiana de los tubérculos y de la mente del hombre.

    La papa no fue elegida arbitrariamente: producto de origen sudamericano, los europeos la conocieron a mediados del siglo XVI y revolucionó su dieta. «Siempre de chico me intrigó la papa. Hice una radio que funcionaba con una de ellas que le saqué a mi mamá. Años después ese juguete se transformó en una obra pedagógica que ponía de manifiesto una fuente de energía no tradicional», recordaba el artista.

    La equivalencia entre el alimento físico y el alimento espiritual, entre cuerpo y alma, deja paso a la invitación para que América Latina se busque a sí misma en su propia cultura y sus propios hábitos, a fin de existir en plenitud, para conciencia de su existir, de su ser.

    Grippo hizo vibrar esa certeza latinoamericanista en todas sus creaciones. Lo retomó desde otro enfoque cuando expuso Horno popular de pan en la muestra «Escultura, Follage y Ruidos II» (1972) en el proyecto CAYC al Aire Libre, instalada en la Plaza Roberto Arlt y clausurada diez días después por las autoridades militares de entonces.

  • Recuperación

    En obras posteriores, Grippo rescató antiguas manualidades como en Algunos oficios, un homenaje al herrero, el albañil, el agricultor y el carpintero. En Tabla, continúa la recuperación de los elementos del vivir cotidiano, pero en este caso se trató de una sencilla mesa de madera, gastada por el uso. Con el Grupo CAYC, Grippo participó, entre otras muestras, en «Arte de Sistemas» en el Museo de Arte Moderno (1971), «Hacia un perfil del arte latinoamericano», en la III Bienal Coltejer de Medelín, Colombia (1972). «Arte de sistemas en Latinoamérica» en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres, en 1974; y luego en el Espace Cardin, París, en 1975. «Latinoamérica 76» en la Fundación Joan Miró de Barcelona, en ese año también expusieron en el Palacio del Diamante de Ferrara y en el Internacional Cultureel Centrum de Amberes, dirigido por Flor Bex.

    En 1978, en el Louisiana Museum de Copenhague, y en 1979, mostraron sus obras en el Palais des Beaux Arts de Bruselas. «Los mitos del oro» fue la presentación en la I Bienal Latinoamericana de Sao Paulo, y en 1980 expusieron en ROSC'80", Cuadrienal de Arte de Dublín, Irlanda, invitado por Dorothy Walter, directora del encuentro. «Hacia el fin de la Segunda Edad Media», en el Museo Cantonal de Bellas Artes de Lausana, convocados por el historiador René Berger, en 1983.

    En 1985, el grupo presentó sus obras en el Loeb Center de Nueva York y en la XLII Bienal Internacional de Venecia (1986), Argentina fue representada por «La consagración de la primavera». Luego expusieron «Eldorado» en la XXI Bienal Internacional de Sao Paulo en 1991, y «El observador observado» en la IV Bienal de Arte de La Habana en 1992; «América en Oriente» en The Striped House, Museum of Art, Tokio, en1993. En el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile en 1994.

    Mesas de trabajo y reflexión, que da título a la muestra de Grippo que se presenta en Londres, es una obra que también comenta Macgregor: señala que el artista se refiere a las mesas como un recordatorio poético del papel que los objetos cotidianos juegan en nuestras vidas.

    Actualmente propiedad de la Tate -recuerda Adrian Searle en su artículo en el Guardian de Londres-, las mesas están usadas y con textos manuscritos. La mesa es un palimpsesto de pensamientos, palabras dichas y no dichas, las comidas, las bebidas los libros y las miradas que pasaron sobre ella. La fecunda producción de Grippo, que reivindica las leyes de la Naturaleza, los alimentos, los utensilios, los oficios, postula que América Latina ha de buscarse a sí misma en su propia cultura y sus propios hábitos, si desea existir en plenitud.

    El conceptualismo argentino y del resto de la América latina fue de crítica social, a diferencia del estadounidense, más interesado en la estética. Pero Grippo fue esencialmente, un poeta conceptual. Amor a los oficios en un mundo de máquinas, amor a la humanidad en un mundo alienado, amor a los objetos cotidianos en un mundo de simulacros, amor a las pequeñas cosas en un mundo de monumentalidades, amor a los procesos naturales en un mundo rebosante de artificios, amor a la vida en un mundo de violencia y muerte, amor a la ciencia como aproximación al misterio y al arte como dador de luz, en un mundo donde las utopías han desaparecido.

    En su obra, arte, ciencia y pensamiento descansan sobre una firme base ética o, mejor, son el resultado de una arraigada necesidad moral que constituye el centro de su operatoria. « Habría que plantearse un humanismo para el futuro -sostuvo-que contenga o integre las máximas circunstancias del hombre, como catalizador positivo, como transformador, y como ser constructivo».
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