Talentosos actores y cantantes animan los eficaces sketchs de este musical que pasa revista a todas las circunstancias de la vida en pareja, dirigido con inteligencia por Ricky Pashkus.
«Te quiero, sos perfecto, cambiá» Libro y canciones: J.Di Pietro. Mús.: J.Roberts. Adap. y Dir.: R.Pashkus. Int.: Karina K, N.Lobo, M.Trepat y R.Valss. Mús.: P.Fromer, M.Aulicino y V.Matsuda. Vest.: M.Mendoza. Luces: S.Pujía. Esc.: V.Ambrosio. Dir.musical: M.Macri. ( Teatro «Picadilly»)
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Todas las circunstancias de la vida en pareja están expuestas en este simpático musical estructurado en sketchs, que cuenta con un eficaz libreto humorístico y atractivas canciones. Cada cuadro ofrece un peculiar enfoque de las relaciones amorosas, desde la primera cita hasta la llegada del primer hijo, pasando por las frustraciones de la rutina matrimonial, las heridas de un divorcio o la desoladora experiencia de la viudez. Pero en todos los casos priva la ironía y la comicidad. También es interesante de ver cómo se pasa revista a las estrategias de seducción, qué cosas prioriza cada sexo en una relación amorosa, o bien cuáles son los roles que hombres y mujeres siguen ocupando aún hoy, en una sociedad tan cambiante como la nuestra. Debido a su formato «de cámara»(nada de grandes cambios escenográficos ni coreografías y con apenas cuatro intérpretes y dos músicos en escena), esta comedia musical requiere básicamente de artistas muy versátiles, que canten bien y, sobre todo, puedan dar rienda suelta a su histrionismo.
Con muy buen criterio, el director y coreógrafo Ricky Pashkus ha reunido a un elenco de por sí talentoso, que alcanza aquí un desempeño de nivel superlativo. Rodolfo Valss (una de las voces más celebradas dentro de este rubro) sorprende con sus dotes de comediante. Marcelo Trepat y Natalia Lobo arman una carismática pareja, ya sea dentro de la «histeria» de una primera cita como en las desventuras de un matrimonio que no puede tener sexo por las constantes interrupciones de sus pequeños hijos. Trepat tiene a su cargo un comíquisimo solo, donde encarna a un «baboso» padre primerizo que canta en una media lengua infantil. Lobo, por su parte, conmueve al público con una emotiva canción de amor, a la que le brinda una singular dulzura. Por último, la presencia de Karina K es como una explosión de energía y delirio dentro del espectáculo, y contribuye a que el humor de la pieza resulte un poco más mordazy desenfadado. Esta magnífica cantantey actriz, proveniente del off, divierte con sus caracterizaciones (madre castradora, divorciada resentida, rubia tonta, viejita que no se deja seducir) y exhibe, al igual que sus compañeros, un amplio dominio vocal.
La dinámica y expresiva puesta de Pashkus cumple así con una regla sagrada del musical: cuando la acción va llegando a cierto clímax se transforma necesariamente en canción. Y en lo que refiere a esta obra, esto significa que con la rima y la música aumenta también la comicidad.
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