5 de marzo 2002 - 00:00

López Armentía expone en Miami y Nueva York

Gustavo López Armentía
Gustavo López Armentía
(05/03/02) En obras que alternan lo figurativo y lo abstracto, Gustavo López Armentía (1949) muestra la vida cotidiana del hombre inmerso en el caos de la ciudad. El artista acaba de inaugurar, la semana pasada, una muestra en Casa Riegner Gallery, en Miami, donde sus últimos trabajos sobre siluetas de continentes con referencias explícitas a Sudamérica. En octubre volverá a exponer sus obras en la Galería Reece, de Nueva York.

Sus obras narran historias que entretejen pasado, presente y futuro de lo que está aconteciendo en el continente, desde la singular percepción del artista. Cambia los nombres de las ciudades. Por ejemplo, donde está Lima ubica a Munich, pero sin aludir a conceptos de colonización, sino a la hibridación, a la mezcla de culturas.

López Armentía
mantiene y despliega una de las claves constantes de su trabajo: la utilización simultánea de elementos y materiales distintos en cada obra. Incorpora fotografías, objetos de hierro, bloques símil piedra; reemplaza la tela tradicional con cuarzo de polvo de mármol y resina, armados sobre estructuras de aluminio.

«En algunas obras incluyo pintura, en otras fotografías transferidas o un objeto, o incluso dibujo directo. Lo que consigo con una técnica o un material, no lo logro con otros. No son mejores ni peores, sino distintos», ha dicho el artista.

•Expresionismo

En todas sus obras mantiene una actitud expresionista que además refleja su sensibilidad social. Si bien sus pinturas no promueven un discurso sociológico y/o político, éste subyace permanentemente como preocupación importante. Hay como un telón de fondo en el que juegan y se recombinan las formas de este fecundo movimiento, que recuerda «El grito», del artista noruego Edward Munch.

La aparición casi universal del neoexpresionismo se dio a fines de los '70 y tiene en la Argentina, evidentes semejanzas con los hechos que a su vez favorecieron el estallido del movimiento en Europa. Esta carga de tragedia y persecución que anticipa y registra el expresionismo alemán, no es indiferente a la generación de artistas a la que pertenece López Armentía, que en nuestro país vivió la pesadilla de los procesos militares y sus secuelas.

Sus pinceladas son vehementes, de ejecución rápida y una de sus características es la frecuente independencia de los signos en relación con lo figurativo. La utilización de ritmos primarios y un verismo fantasioso, unidos a una subversión antiacadémica del espacio clásico, ubica a los personajes, siluetas esquemáticas en el trazo, pero desbordantes de color y materia, con una elegancia indiscutible, que les confiere un toque de manierismo. Además escoge colores capaces de expresar los estados emocionales.

Sus formas no son individuales, sino socializadas, porque emergen como fruto de una mirada comunitaria sobre el mundo y en el mundo. Las formas se alargan o se proyectan, como si todo debiera ocurrir, inexorablemente, desde una dimensión diferente. En sus obras, con ritmos impetuosos y evocativos, las figuras tienen la movilidad de una plataforma giratoria, como si el artista quisiera apresar el instante. Sensible y refinado, va revelando su cultura urbana, pero también cerebral.

En su visión, la imagen no es una proyección de la realidad, sino una verdad interior traducida a términos de líneas y colores. Sus obras tematizan los mecanismos del poder que desdeña derechos y libertades, y la sociedad de consumo que arrasa con ideales y esperanzas. Sus pinturas y esculturas proponen al espectador desentrañar las situaciones e historias que encierran: el interés primordial es el detrás de las cosas. «Lo que se puede mostrar, no se puede decir»: es el ya legendario aserto del filósofo
Ludwig Wittgenstein que preside, de alguna manera, las obras de este exitoso artista: porque dicen mucho, han optado por mostrar más aun, haciendo que el lenguaje del arte se exprese por sí mismo. Es en lo profundo, donde descubrimos el mundo y las luchas del hombre para recuperar su dignidad y solidaridad.

•Sabato

Por ello, su obra recuerda los conceptos que Ernesto Sabato ya había anticipado en «El escritor y sus fantasmas»: «Lanzado ciegamente a la conquista del mundo externo, preocupado por el solo manejo de las cosas, el hombre terminó por cosificarse él mismo, cayendo en el universo bruto en el que rige el determinismo ciego. Empujado por los objetos, títere de la misma circunstancia que había contribuido a crear, el hombre dejó de ser libre, y se volvió tan anónimo e impersonal como sus instrumentos tecnológicos. Ya no vive en el tiempo originario del ser sino en el tiempo de sus propios relojes. Es la caída del ser en el mundo, es la exteriorización y la banalización de su existencia. Ha ganado el mundo pero se ha perdido a sí mismo.»

La concentración de las comunidades en las ciudades no puede sino provocar un contínuo deterioro de las condiciones de vida y generar una irresistible patología social. La consecuencia más terrible es, sin duda, la anomia; es decir, la disolución de la conciencia ciudadana de las personas. Es la muchedumbre solitaria analizada por
David Riesman, que deambula por las calles con su atención dispersa. El curso del tiempo no se rige solo por los horarios convencionales, sino por las sensaciones cotidianas y extraordinarias aportadas a la vida del hombre por la inexorable red de la información.

Hay otras formas del tiempo generadas por la computadora, la televisión y los satélites. El pasado inmediato puede volver en unos segundos con sólo rebobinar el video; el futuro cercano puede llegar al presente con sólo adelantar la cinta grabada y conocer las últimas escenas del noticiero o del film. El hoy ha devenido, pues, en un lugar de paso.

El artista superpone los tiempos y las creaciones del ser humano. Pero lo hace mezclando también los materiales con que gesta sus obras. Plantea así un doble simbolismo, una relación de causa a efecto y de efecto a causa. La combinación de materiales con que trabaja le permite disponer de soportes particulares y novedosos, pinturas con mayor a menor volumen, con distinto relieve.

Desde los ochentas,
López Armentía, que integró en París el Grupo de la Nueva Imagen Argentina, densificó sus imágenes, adoptó un clima donde desaparece la ingenuidad o la placidez de lo lúdico; introdujo una paleta más cuestionadora de la realidad, a veces sombría, dónde el fluir de los objetos como movimiento se atempera, y da lugar a recursos que dinamizan la materia.

•Repertorio

El repertorio del pintor fue convocado, atraído y fragmentado, desde una visión rica en metáforas del poder tecnológico, donde los autos vuelan y los aviones se convierten en pájaros mecánicos; la materia lanzada sin intención de forma, donde el agua, el puente, el barco, emergen por añadidura, casi como fantasmas, son grafismos que se arman como un mapa; las imágenes infantiles, son también dramáticas (barcos o trenes), y los seres están integrados a un empaste denso, que parece derretirse bajo el sol.

López Armentía
ha realizado una carrera internacional muy importante, participando en galerías y museos de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Entre sus últimas exhibiciones, queremos mencionar las que realizó en la Galería Reece, de Nueva York (cinco años consecutivos); en el Museo de Arte Moderno de México, en la Galería Beau Lezard, París; en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro y en Copenhague en la muestra Containers'96 Arte a través de los Océanos.

También participó en la Bienal de Cuenca (Ecuador), 1987; la Bienal de San Pablo, 1988; el Museo del Bronx (USA), 1989, la Bienal de El Cairo, 1995; la Bienal de Venecia, en 1997; en Culturgest, Lisboa, 1999. Fue representante por la Argentina en la Bienal de Lima y en el años siguiente, en la Bienal del Mercosur.

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