30 de agosto 2007 - 00:00
Lorin Maazel selló el mejor momento del año musical
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Maazel al
frente de la
Symphonica
Toscanini:
recreando
las giras del
legendario
maestro
italiano,
dirigió un
gran
concierto.
A continuación hubo otra pieza ideal para mostrar sus predilecciones en el campo sinfónico y su búsqueda energética con «La danza de los siete velos», seguida por la escena final de la ópera «Salomé» de Richard Strauss. Presentado el argumento en la voz en off del actor Salo Pasik, la conclusión de la ópera tuvo en la exquisita voz de la soprano Gustafson a una intérprete aguerrida, y si bien su volumen es mediano, logró emerger del fárrago orquestal straussiano con un fraseo dramático con referencias a la alucinante situación que impone el morboso beso a la cabeza del Bautista.
Entonación, timbre e intensidad teatral caracterizaron el canto de Gustafson, una de las sopranos más requeridas de la actualidad, a quien la orquesta siguió con profundidad de conceptos y equilibrio en sus distintassecciones (excepcionales la de los aerófonos). Los poemas sinfónicos de Ottorino Respighi, «Las fuentes de Roma» y «Los pinos de Roma» cerraron el concierto. Nueva oportunidad para demostrar la pericia y el refinamiento de Maazel con una ejecución extremadamente cuidadosa, suntuosa en su detallismo e impresionante en su potencia épica como en pintura poética del paisaje italiano. A pesar de los insistentes aplausos del público no hubo bises.



