13 de noviembre 2002 - 00:00

"Los bestsellers se venden, no se leen"

Kjartan Fløjtad (Sauda, 1944) es uno de los más destacados escritores noruegos actuales. Poeta, traductor de Onetti y Arlt, ha conquistado numerosos premios por sus novelas, sobre todo por la conocida en inglés como «Dollar Road». Flojtad, además prominente ensayista, pasó por Buenos Aires donde dió una conferencia en el Centro Cultural Borges sobre «Borges y la literatura nórdica». Dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué le interesa la literatura urbana del Río de la Plata?


Kjartan Fløgstad:
Quizá por casualidad me interesé por Borges, Onetti, Cortázar, Arlt. Vine a fines de los '60 en un barco mercante noruego a Buenos Aires. Ese fue mi primer encuentro con latinoamérica, su vida social y cultural. Me pareció, y me sigue pareciendo, que la literatura de aquí es más universal.

P.: ¿Qué le atrajo de esta narrativa?

K.F.: El mestizaje entre Europa y América. Se puede considerar a Buenos Aires como ciudad europea que está en otro continente. Aquí la relación entre cultura y naturaleza, ciudad y campo se expresa muy bien, con mucha agudeza en su literatura.

P.: Eso se ve en el primer Borges, no ya en el de la literatura fantástica, ni en Onetti, ni en Cortázar...


K.F.:
Tal vez no directamente expresado, pero creo que el tema central es como se ubica en otro continente, en otro mundo, gente que proviene de otra parte, de Europa, tema universal que tiene aquí su expresión más radical. Además me interesa mucho el folclore urbano del Río de la Plata, el tango, el fútbol y el psicoanálisis, que es parte del folclore de Buenos Aires.

P.: Cuando se piensa en la literatura de Noruega, surgen pocos nombres: Ibsen, Knut Hamsun, autores del siglo pasado. ¿Ocurre lo mismo en Noruega con nuestra literatura?


K.F.:
La literatura latinoamericana es bastante bien conocida en Noruega. Los autores consagrados se leen, García Márquez, Vargas Llosa, Isabel Allende. En círculos literarios Cortázar y Onetti son bien conocidos, y ni hablar de Borges.

P.: ¿Se debe a qué el nivel educativo de los países nórdicos es el más alto del mundo?


K.F.:
El nivel educativo de la Argentina es bastante alto también. Además, no se puede comparar: América Latina es un continente y Noruega un país cuya población es igual a la de un barrio de Buenos Aires, 4 millones y medio. Nuestros autores conocidos, Ibsen y Hamsun, son de la edad de oro de las letras noruega, me parece normal, ya no hay autores con esa difusión, salvo una o dos excepciones. Por caso Jostein Gaarder, que ha popularizado la filosofía con «El mundo de Sofía» y en 1996 fue el libro más vendido del mundo, pero sus obras son didácticas y no literatura. El gran aporte noruego al modernismo literario mundial ha sido a través de Borges por el uso que hace de las literaturas nórdicas. En el cuento «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» el protagonista se llama Gunnar Erfjord, no se puede imaginar un nombre más noruego. Y tiene ese nombre porque Borges era muy amigo de las hermanas Lange, Norah y Haydée, y el padre era Gunnar Lange y la madre Berthe Erfjord. Borges uso el nombre del padre y el apellido de la madre de las Lange para su protagonista. Es el único noruego que tiene fama literaria en las literaturas hispánicas.

P.: Paul Auster ha recuperado a Knut Hamsun, premio Nobel de Literatura en 1920, a pesar de que tuvo una fervorosa adhesión al nazismo. ¿Qué pasa hoy en Noruega con Hamsun?


K.F.:
Aún es un nombre polémico, no tiene ni una calle ni una estatua por sus actitudes políticas. Hamsun fue partidario de los nazis durante la ocupación, por tanto un traidor a juicio de la gran mayoría. Muchos quemaron sus libros durante la guerra. Hay quienes opinan que es un gran escritor, yo no.

P.: Un lazo suyo con Borges es la novela policial.


K.F.:
De mis 40 libros sólo dos son policiales y tienen casi 30 años. Es el género más popular en los países escandinavos, el que más se vende y con autores de alcance mundial. Cuando los escribí me interesaba la novela negra norteamericana, la del Río de la Plata no me atrae tanto. Esa parte de la obra de Borges no es para mi tan importante, remite al policial inglés, a Chesterton. Yo quería usar ese género para crítica social, como Chandler y Hammet. Hoy creo que la «novela novela», la «novela seria» posee más cualidades, un público grande y un mejor público, el lector sabe que debe enfrentar dificultades para poder experimentar una obra de arte. El policial es mero entretenimiento con recetas para dar soluciones no sólo a crímenes, también a cuestiones sociales.

P.: ¿Qué componentes tiene hoy esa «novela seria»?


K.F.:
El más importante es la polifonía, eso que Bajtin llama lo «carnavalesco»: establecer muchas voces distintas sin ridiculizar a ninguna. El autor debe defender a todos los personajes para que sea una obra seria, una obra de arte.

P.: Algo que desde sus orígenes fue fundamento del teatro...


K.F.:
Sí, pero para Bajtin la novela es el género clave, y lo demuestra con sus lecturas de Rabelais y de Dostoiveski. Yo intento escribir novelas en esa tradición carnavalesca donde se mezcla humor y seriedad. «Rayuela» de Cortázar es el mejor ejemplo de una obra carnavalesca de la literatura modernista hispanoamericana.

P.: ¿Cómo traslada ese estilo a sus novelas?

K.F.: Vuelvo a Noruega para publicar otra novela, «Paraíso terrestre». El protagonista es un chileno hijo de un ingeniero noruego y una chilena. El padre se va de Chile antes de que él nazca y el hijo crece en Atacama llamándose Andersen, nombre absurdo allí. Poco a poco va asumiendo la identidad de Andersen y quiere saber cosas de Noruega: los osos polares, la luz del día las 24 horas, las heroínas de Ibsen... Trabaja en oficinas de unas minas y lo despiden, dándole una indemnización. Usa ese dinero para ir al país de su padre, para saber quien era y si allí hay realmente un paraíso terrestre. No quiero revelar si lo hay o no, él tiene sus experiencias. Esto da una idea de mi modo de construir una historia y del mestizaje que me atrae.

P.: ¿Qué piensa la presencia globalizante del bestseller?


K.F.:
Se venden, no se si leen. Muchas veces sirven de base para guiones de películas y hasta logran hacer una buena cada década. A mí no me interesan, para leer mil páginas de Tom Clancy hay que ser masoquista.

P.: ¿En Escandinavia las listas de bestsellers son distintas?


K.F.:
Son distintas, pero no tan distintas. Se ven novelas de Grisham y Clancy, pero los bestsellers suelen ser noruegos o de otros países escandinavos. Policiales con un nivel literario más alto que los bestsellers, aunque no sean obras muy buenas, tienen el nivel de elegancia que reclaman nuestras sociedades.

P.: ¿Qué lo estimula a escribir?

K.F.: A veces los editores me piden algún trabajo, por ejemplo «La inmigración noruega en América del Sur». Si esto me viene como propuesta exterior, las novelas vienen de mi interior. Un escritor acumula experiencias hasta los 20 años, después hace sólo observaciones. Nací en un pequeño pueblo industrial en la costa occidental noruega, había una empresa norteamericana muy grande que industrializaba el manganeso. Viví una metáfora de la realidad: empresa americana, fábrica noruega, mina africana, sucursal canadiense, gran puerto con barcos de todo el mundo... viví la globalización con 60 años de anterioridad. Fue una experiencia fundamental en mi vida y para mi literatura.

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