6 de noviembre 2002 - 00:00

Los espías vienen mestizos y calvos

Vin Diesel
Vin Diesel
Miami - Calvo, Musculoso, tatuado, canchero y con voz de bajo profundo, Vin Diesel es una idea de marketing encarnada. Modelado según el look con el que Hollywood se propone lanzar su nuevo action hero, el actor de «Rápido y furioso» recibe a la prensa latinoamericana para hablar de «XXX», en la que compone a un agente secreto alejado del fenotipo clásico.

Después de negar rápidamente las preguntas de catálogo («¿se considera el nuevo Stallone, el nuevo Schwarzenegger?»), a Diesel lo envanece decir «soy un mestizo, ni negro ni blanco, y lo que mayor placer me da es que, con este físico, no represento a nadie y represento a todos. Aunque éste sea un cine puramente de entretenimiento, es todo un avance político que el agente secreto ya no sea más el anglosajón blanco en lucha contra los villanos extracomunitarios. Mi personaje, Xander Cage, llamado XXX, no tiene otra nacionalidad que la justicia». Desde luego, la película se toma alguna licencia cuando, sobre el final, en una espectacular persecución despliega una gigantesca bandera norteamericana.

Los comienzos de Diesel no tuvieron que ver, paradójicamente, con las películas de acción, sino con una cantera casi insospechada, el cine independiente. En 1994 escribió, dirigió y protagonizó un cortometraje llamado «Multi-Facial», que viajó desde el Festival de Sundance al de Cannes, y que llamaría la atención de Steven Spielberg, el hombre que le dio el primer empujón a la fama cuando le ofreció un papel en «Salvando al soldado Ryan».

Le preguntamos por aquella primera película: «'Multi-Facial', sí, la hice con tanto entusiasmo como sufrimiento, pero no porque me haya costado demasiado. El entusiasmo estaba en hacerla, el sufrimiento en mi propia experiencia de actor desconocido y en busca de empleo. Es un reflejo de mi recorrido por castings, audiciones, antros en general, a la espera de que alguien me tirara un bolo. Y también refleja lo que, ahora, 'XXX' magnifica: un 'multi-facial' tratando de encontrar su lugar en un mundo de rostros demasiado definidos».

Imaginar que Vin Diesel podría regresar ahora a un cine de mayor búsqueda es afiebrado. «XXX» tuvo el suficiente éxito en los Estados Unidos como para que ya estén planeadas dos secuelas más, una en Asia y otra en América Latina: a propósito, en la fiesta nocturna que se realizó en The Shore Club Hotel de Miami, tanto él como el director del film, Rob Cohen, se paseaban con un mate. Diesel, además, con un elemento que ni siquiera se atrevió a usar en la película, un atado de cigarrillos rubios.

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Esta primera parte transcurre en Praga, y allí da los primeros pasos en el mundo del espionaje. Su personaje es el de un marginal dedicado al robo de autos y microchips, al que contrata el director de espías Samuel Jackson para encargarle una misión secreta en Praga: cazar a un criminal al estilo Bond, pero con estilos escasamente Bond. Como en «Rápido y furioso», la especialidad del personaje son los deportes extremos.

«¿No le habría gustado más ser deportista que actor?». Antes de cada respuesta mira muy fijo, algo que tal vez haya heredado más de su madre, una vidente, que de su padre, profesor de teatro. «No», responde. «Porque siendo actor de películas de acción se pueden serr las dos cosas juntas». «Convengamos, sin embargo, que gran parte de las escenas de acción, sobre todo las más espectaculares como la de la avalancha de nieve, sólo existieron en la computadora». «Esa sí», admite «Pero otra gran parte no. No voy a decir que pongo en riesgo mi vida filmando algunas escenas, pero que hay peligro en algunas no tenga dudas. Pero volviendo a lo anterior. No, no es así. La actuación me atrajo siempre, naturalmente, y los libros que más he leído y que más leo son las biografías de los actores».

El final, inevitablemente, tiene que pasar por la tradición Bond, a la que «XXX» remite de manera explícita. «Vamos por partes», empieza «Creo que no sólo ya está agotado el mundo de Bond, el de los comunistas enfrentados a los paladines de la libertad, sino que también está agotada esa forma de hacer cine de espionaje. Hoy los chicos tienen otra cultura, nos guste o no, y si uno no la incorpora en una película de acción que se pretende masiva está muerto. Por eso, ese auto sofisticado que aparece en la película a ningún joven le hará acordar al de Bond sino al de los video-juegos. Segundo, al agente Xander no le interesa la Reina, la patria ni el presidente. El hace la suya. Le pagan para meterse en cosas que le van, que lo desafían. A mí me pasa igual: me pagan para ser actor en un papel que me gusta y me hace sentir cómodo. ¿Tradición de Bond? No sé, hay que preguntarles a los críticos».

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