18 de mayo 2001 - 00:00

Los reality shows no logran igualar el boom del exterior

Gran Hermano.
"Gran Hermano".
El productor Mark Burnett, responsable del reality show más exitoso de Estados Unidos, «Survivor: The Australian Outback», admitió que utilizó dobles para filmar tomas aéreas con el fin de embellecer la edición. La productora del «Gran hermano» español, Zeppelin, debió afrontar severas multas por la fuga de datos de aspirantes al programa a través de Internet.

En Francia, el canal M6 debió afrontar el reclamo de 200 manifestantes, que depositaron bolsas de desperdicios ante la sede de la emisora en protesta por lo que consideran «televisión basura». Además, tuvieron que cambiar las reglas a su reality show, «Loft Story», luego de que el Consejo Superior Audiovisual acusara al canal de imponer contratos abusivos a los participantes. Así, los habitantes de la casa deberán disponer cada día de una «pausa» de dos horas de las cámaras para preservar su «dignidad humana».

El debate que generaron en la Argentina programas como «Gran hermano», «Expedición Robinson» o «El bar» no roza ni por asomo las dimensiones a las que se ha llegado en el extranjero. Pero en países donde los reality shows comienzan a mostrar su lado flaco, se pone en cuestión la preproducción de las escenas, la imposición de conductas a los participantes, la violación de datos y la vigencia de severos contratos de exclusividad. ¿Cómo ignorar entonces que en los programas locales, hijos de los extranjeros, puede operar una lógica similar?

Consultado por este diario, el dramaturgo Ricardo Halac, vicepresidente de Argentores, expresó: «Lo perverso de estos programas radica en que el público sabe que está todo armado y aun así acepta que lo engañen».

Rutinas

En los tres reality shows locales, los concursantes eliminados son aislados por segunda vez de su entorno para cumplir con la rutina que les depara la producción: los participan en ciclos televisivos, les programan sesiones de fotos o los instan a cha-tear en la página que auspicia el programa.

Respecto de los anónimos devenidos estrellas, el escritor
Dalmiro Sáenz dijo a este diario: «El mundo actual cambió el éxito por la fama, y esto se puede ver en la desesperación que tienen de ser mirados. Yo defino a estos programas como una gran mentira, sin máscaras, y a sus participantes como personas que necesitan desesperadamente ser miradas».

Además de acceder a que la productora digite sus actividades una vez eliminados del ciclo, los concursantes firman un contrato de confidencialidad que les prohíbe la difusión de los secretos que rodean la dinámica del programa. En Estados Unidos la cadena CBS demandó por cinco millones de dólares a una de las participantes de «Survivor» por divulgar información. Ocurre que la joven develó -querella mediante-algo más que una insignificancia: argumenta que el productor,
Mark Burnett, había convencido a varios concursantes de que votaran contra ella para favorecer a los más atractivos.

Algunas muestras de la intervención de la producción en la dinámica de los grupos serían actividades o sorpresas preparadas para los concursantes de «El bar»; en «Expedición Robinson» se arman juegos y les envían comida y en «Gran hermano» les imponen prendas a cumplir o lo llevan a
Diego Maradona para que los entretenga.

Consultado acerca de la participación de un libretista (
Sergio Vaiman) en «Gran hermano», el guionista Hugo Moser opinó: «Me da la sensación de que en estos programas 80 por ciento está digitado por la producción, siempre según su conveniencia. Es más, creo que la voz que sale en off es la de Vaiman».

Burla

Si de manipulaciones se trata, en España acaba de estrenarse la película «El gran marciano», realizada a expensas de engañar a los participantes de «Gran hermano». Les dijeron que iban a publicitar un hotel y ahí comenzó el rodaje.

Resulta curioso que en la edición anterior de «Expedición Robinson» los participantes eran, con pocas excepciones, buenos y solidarios. Además, el capítulo final significó lo que algunos calificaron como una «lección de vida» y el vencedor fue un hombre. Pero esta vez, por la dura competencia en el terreno de los reality, todos los protagonistas de la concluida secuela resultaron, también con algunos casos excepcionales, egoístas y malintencionados, mientras la ganadora (como en Estados Unidos) fue la mujer que encarnaba el bien.

¿Se trata de una mera coincidencia? Halac dijo en este sentido:
«Se presenta a la sociedad un grupo de gente que se reúne y se arman escenas en que se agrede y se puede lastimar, besar o robar. Lo curioso es que en programas en que el público vota, lo hace sin razón alguna y los elige porque tal es simpático, o me calienta, o está fuerte».

La premisa de «sobrevivir» en un lugar aislado sigue resultando dudosa; la ganadora de la segunda edición norteamericana, «
Survivor, The Australian Outback», resultó una enfermera que, aunque pudo ingeniárselas para enfrentar las «hostilidades de la naturaleza», no logró soportar un viaje en avión y tuvo que tomar pastillas para dormir.

En
«El bar» y «Gran hermano» fueron frecuentes los episodios en donde el sexo, más que mostrarse, se sugirió. Abundaron las caricias y los besos mientras que las parejas que tuvieron relaciones lo hicieron bajo las sábanas y hasta armaron una carpa. Consultado por este diario, el sexólogo Adrián Sapetti expresó: «El tema de espiar cómo es la vida sexual de los demás me recuerda a un dibujo en donde se veía la figura de un nene espiando por una puerta entreabierta. La mayoría fantasea con que lo que espía son sus padres manteniendo una relación sexual, pero no hay nada en ese dibujo que lo garantice. Es el concepto freudiano de la escena primaria y lo que cada uno proyecta. En cuanto a la credibilidad, ellos saben que los filman, hasta pasan y miran a cámara. Al menos en 'Truman Show' se veía alguna creatividad».

En España el Senado se ocupó de «Gran hermano» por considerar que se violan los derechos de los participantes y para averiguar el grado de verosimilitud del programa. En Estados Unidos, mientras se debate si transmitir en vivo la muerte del terrorista
Timothy McVeigh, varias emisoras de radio y televisión difundieron grabaciones de ejecuciones en la silla eléctrica de 23 condenados del estado de Georgia, como si fueran un nuevo reality show. Además, ya se emitieron nacimientos en vivo desde las clínicas.

Mientras el «Gran hermano» español no logra igualar las altas cifras de rating que hacía el año pasado, en Alemania terminó la tercera serie de
«Big Brother» en una indiferencia casi total ante la fatiga de los televidentes. ¿Cuán lejos estaremos del temible momento en que se emitan reality shows de la muerte? Tal vez el público se conforme con aquello que ya tiene a su alcance: la transmisión de nacimientos y muertes reales, como si fueran un espectáculo.

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