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26 de julio 2007 - 00:00

"Los Simpson, la película"

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Aunque sorprendentemente lavado en comparación con muchos capítulos de una serie de TV que siempre se caracterizó por su audacia, «Los Simpsons» de cine tiene algunos gags brillantes.
«Los Simpsons: La Película» (The Simpsons movie, EE.UU., 2007, dobl. al español). Dir.: D. Silverman. Film de animación.

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Después de tantos años de cuidar su producto a sangre y fuego soportando presiones comerciales que ni el Sr. Burns podría imaginar, Matt Groening y James L. Brooks decidieron relajarse y dejar de controlar las cosas. Este guión parece escrito por Flanders un día especialmente optimista y lleno de fe.

En capítulos tomados al azar de cualquier temporada clásica o reciente que pueden verse una y otra vez en nuestra TV, Homero puede hacerse pastor para enriqueserse casando gays; Marge puede venderle pastillas vencidas al chofer alucinado Otto; los cartoons del gato y ratón gore se descuartizaran de maneras infinitamente creativas y crueles; Pete Townsend dará un concierto en Springfield sólo para ver cómo Homero le pide temas que no son de The Who, sino de sus adorados segundones de Grand Funk Railroad; las hermanas gemelas fumarán su miseria humana sin paz ni pausa, y los niños malos del colegio abusarán violentamente de los más débiles propinándoles submarino seco en un inodoro con la mayor naturalidad del mundo.

Obviamente los millones de fans de la serie, hoy adultos, que disfrutaban de chistes incestuosos cuando niños tomando la merienda, no podrían esperar menos de un largometraje con los mismos personajes que ya son parte de su vida. La lógica es que si un programa ya es audaz en TV, debería aprovechar al máximo ese factor, como ya lo hizo «South Park» en su película «Uncut, Unrated», que terminó por volver masivos y perdurables a los dibujitos mas salvajes de la pantalla chica. Pero no hay que deprimirse del todo. Cada tanto hay gags brillantes, el doblaje al castellano es el mismo de la TV, sin inventos raros, la pantalla ancha es atractiva y, sobre todo, el diseño de sonido le da un relieve impactante tanto a la acción como a los diálogos irónicos y chistes basados en el factor sorpresa. Pero recomendamos cerrar los ojos cada vez que pasen el trailer con el chiste de la bola de demolición, ya que visto eso, se quemó lo mejor de la película (el problema es que lo pasan sin parar desde hace un año).

Nadie la va a pasar mal viendo en cine a estos Simpsons ligerísimos, pero los largos momentos que no provocan ni media risa y recuerdan más a películas de animalitos en praderas o montañas nevadas no pasan nada inadvertidos. Al lado de uno de los films de animación más esperados de la historia del cine, nuestra «Isidoro Cañones» es salvaje como «South Park». El guión no tiene mucho rigor narrativo (son 72 minutos de historia, más una secuencia de créditos finales de 15 minutos, es decir la mitad de un episodio de TV), en donde en lugar de aprovechar bien los personajes de siempre, los vuelven light sacándolos casi de cuajo del argumento y reemplazándolos por otros nuevos mucho menos interesantes.

El anodino villano que le roba la película al maravilloso Sr. Burns es directamente un papelón. Como película familiar esta bien, como franquicia de un clásico, no.

La única manera de entender de una manera positiva y muy sutil esta Springfield finamente gasificada, es como la gran venganza de los talentosos creadores de la serie, que temporada a temporada lucharon palmo a palmo por mantener picante su producto. Esta tesis implicaría resolver cada situación argumental según el estilo que los ejecutivos intentaban imponer a cada momento fuerte de los episodios clásicos, que año a año sostuvieron a la serie como el éxito de taquilla imparable, y que hoy muestra a un Bart que quiere ser adoptado por el Sr. Flanders. Lo más triste es que si los Simpsonsitos cariñosos son un éxito de taquilla, el chiste no tendría ninguna gracia.

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