1 de noviembre 2001 - 00:00

Madrid: causa polémica muestra "Goya, la imagen de la mujer"

Retrato de la duquesa de Alba.
"Retrato de la duquesa de Alba".
(01/10/2001) Madrid - Aristócratas, rameras, alcahuetas, actrices, brujas, santas, lavanderas... Francisco de Goya, el pintor mejor representado en el Museo del Prado y el más explotado por la dirección de la institución, pintó todos los perfiles de las mujeres de su época. Cinco años después de que la pinacoteca madrileña montara la exposición que celebraba el 250° aniversario del nacimiento del artista, la fundación privada bautizada con el nombre del museo estatal ha decidido conmemorar sus 20 años de historia con la muestra «Goya, la imagen de la mujer», en la que se pueden descubrir ausencias imperdonables.

La exposición, que se abrió el lunes y reúne en las salas del museo contiguas a la galería central más de un centenar de obras entre lienzos, dibujos y grabados, incluye los retratos femeninos o escenas que forman parte de la colección permanente de El Prado y aquellas piezas de otros museos o colecciones particulares que se han podido ver en exposiciones tan recientes como «Goya, el capricho y la invención» (Museo del Prado, 1994), «Goya en las colecciones españolas» (BBV, 1995), «Goya, 250° aniversario» (Museo del Prado, 1996) y «Realidad e imagen. Goya 1746-1828» (Museo de Zaragoza, 1996).

Ausencias

No se ha podido conseguir, sin embargo, que le presten para la ocasión una obra fundamental para la muestra «Goya, la imagen de la mujer». Se trata del «Retrato de La Duquesa de Alba», que custodia, en el Palacio de Liria de Madrid, Cayetana de Alba, heredera de la aristócrata que logró robarle el corazón a Goya y que obsesionó al pintor hasta su muerte, como queda patente en un sinfín de documentos históricos y en la película que Carlos Saura dedicó al artista recientemente.

Mientras que la mayoría de las obras que incluye «Goya, la imagen de la mujer» se ha visto hasta la saciedad, el «Retrato de La Duquesa de Alba» sólo se ha exhibido en las exposiciones «Goya en las colecciones madrileñas» (Museo del Prado, 1983) y «El arte en las colecciones de los duques de Alba», organizada en Madrid en 1987 por la Fundación La Caixa.

¿Cómo es posible que una obra tan importante como ésta no se haya conseguido colgar en El Prado en esta ocasión tan particular? El «Retrato de La Duquesa de Alba» no es la única gran ausencia de «Goya, la imagen de la mujer», una muestra cuyo planteamiento es muy similar a la que la Royal Academy de Londres ha dedicado a Rembrandt. Entre las obras que se extrañan están también el «Retrato de la marquesa de Lazán, perteneciente, asimismo, a la colección de los Alba, y la titulada «La familia del infante don Luis», un monumental lienzo que no se exhibe en Madrid desde 1988.

La falta de piezas es tan notable como sorprendente. Ver los retratos femeninos de
Goya que posee El Prado, que son los más importantes y forman el eje central sobre el que gira la muestra, no entraña ninguna dificultad, pero contemplar los que custodian el Museo del Louvre o la Hispanic Society of America, con sede en Nueva York, no resulta una tarea fácil para el gran público y esta exposición no se los va a acercar.

Cuando termine de recorrer la retrospectiva
«Goya, la imagen de la mujer», es muy posible que el visitante se haga algunas preguntas, cuestiones como las que ya se formulan algunos especialistas del Museo del Prado: ¿Por qué se exhibe la «Maja desnuda» sin su pareja, la «Maja vestida»? ¿Cuál es el motivo por el que el «retrato de la reina María Luisa a caballo» ha sido eliminado de la muestra e incluso de la colección permanente para ser enviado a la trastienda del museo?

Si se ha decidido repetir cuadros de exposiciones anteriores, como es evidente, ¿por qué no figura en esta exposición el lienzo
«Las majas en el balcón»?, una obra propiedad de un coleccionista suizo que ya estuvo en el Museo del Prado en 1996 y que en esta ocasión habría venido como anillo al dedo. ¿Por qué no se ha incluido en la presente muestra, después de la agria polémica que suscitó su paternidad, «La lechera de Burdeos»? ¿Cómo es posible no haber contado con el retrato de «La tirana», que está colgado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando? ¿Por qué se han incluido en la muestra obras cuya autoría es dudosa?

Radiografía parcial

«Goya, la imagen de la mujer», que viajará a la National Gallery of Art de Washington cuando sea clausurada el próximo 10 de febrero, permitirá realizar una radiografía, aunque sea parcial, de un universo, el femenino, que fascinó profundamente a Goya. El análisis que el artista efectúa sobre las distintas mujeres a las que conoció puede ser extremadamente áspero o endiabladamente almibarado. Al creador más temperamental del arte español nunca le gustaron las medias tintas.

Goya condena o entroniza a las mujeres después de someterlas a su crítica mirada, una mira-da capaz de desnudar a cualquiera y de descubrir, aunque se oculte bajo un disfraz, su verdadero rostro. Así ocurrió, por ejemplo, con la reina María Luisa de Parma, un personaje que nunca fue del agrado de Goya, quien siempre exaltó en sus cuadros los defectos de la poderosa e influyente esposa de Carlos IV, la mujer más retratada de su época. En el polo opuesto se sitúa, sin ninguna duda, María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Alvarez de Toledo, más conocida como La Duquesa de Alba.

Resulta paradójico que de la mujer que tanto odió
Goya se exhiban grandes retratos y de la mujer que amó profundamente se exhiba sólo un pequeño lienzo, en el que la duquesa aparece de espaldas, y algunos dibujos.

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