16 de diciembre 2004 - 00:00

"Manchester 1970-1990: La fiesta interminable"

Steve Coogan en una escena de «Manchester 1970-1990: La fiesta interminable», inteligente recreación de un período fundamental en la historia de la música.
Steve Coogan en una escena de «Manchester 1970-1990: La fiesta interminable», inteligente recreación de un período fundamental en la historia de la música.
«Manchester 1970-1990: La fiesta interminable» (24 Hour Party People. Gran Bretaña-Francia-Holanda, habl. en inglés). Dir.: M. Winterbottom. Int.: S. Coogan, P. Considine, D. Cunningham, S. Harris.

Esta película es para los nostálgicos de un rock and roll que no volverá a ser lo que fue, los que quieran rememorar las noches de estridencia y humo en tugurios, los que gustan espiar el mítico micromundo de los músicos, con sus desengaños, sus limusinas, sus sobredosis, sus prostitutas, sus delirios y sus fracasos, y sobre todo, para deleitarse con New Order, Marshall Jefferson, Joy Division o Happy Mondays.

Ganador del premio mayor en el Festival de Cannes y en el British Independent Film Awards, este falso documental logra recrear el espíritu de un momento de inflexión en la historia del rock, partiendo de la biografía de Tony Wilson, que fue reconstruida con licencias para alimentar el mito y embellecer el film.

Wilson
está interpretado magistralmente por Steve Coogan, como el conductor de TV, fundador del sello «Factory Records» y artífice de la sala de conciertos «The Hacienda», que luego se convirtió en referente de la cultura rave, beat y dance de los '90.

Narrado con inteligente tono de comedia, el film comienza con Wilson grabando un documental para la televisión, labor que retomará cada vez que se vea hundido en la bancarrota y necesite ingresos. Pasan memorables momentos, como el primer recital de unos desconocidos Sex Pistols; la furia frente al poster de «Pink Floyd», que Wilson destruye mientras se calza los pantalones «chupines» y vaticina el comienzo de la «new wave» (otra más de tantas que le siguieron). También asiste a los despegues de The Clash, Alice Cooper e Iggy Pop desconociendo a esa altura que con Joy division cambiaría la historia de la música y convertiría a Manchester en su epicentro.

La primera escena del film es tan bella como sintética: mientras Wilson se lanza desde las alturas en aladelta, le habla al espectador sobre su filosofía de vida y sobre el rock, convencido de que ambas confluyen en una misma doctrina. Y durante toda la película se dedica a confirmar esa teoría.

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