22 de enero 2002 - 00:00

María Volonté, cada vez mejor

El nuevo show de María Volonté la muestra en su mejor forma como cantante y autora
El nuevo show de María Volonté la muestra en su mejor forma como cantante y autora
(22/01/02) Actuación de María Volonté (voz). Con Horacio Larumbe (piano) y Oscar «Pocho Porteño» Vega (percusión). (Clásica y Moderna, todos los viernes a las 22).

Es notable lo que ha crecido María Volonté desde los tiempos en que cantaba fados en el pequeño escenario del desaparecido y extrañado Café Mozart de la calle Reconquista. Por aquella época, su principal referencia, al menos, por lo que mostraba públicamente, era la portuguesa Amalia Rodrigues. Después, los tangos empezaron a ocupar una parte cada vez mayor de su repertorio hasta convertirse en una de las más importantes voces del género rioplatense. Y llegaron las presentaciones en la Sala Alfonsina Storni del Café Tortoni -donde aún sigue actuando cada jueves-, los discos y, más cerca en el tiempo, una mayor ampliación del repertorio hacia la balada urbana, el folklore, el candombe, los géneros centroamericanos. Y ésta es la Volonté con la que hoy es posible encontrarse en los viernes de Clásica y Moderna. Una cantante que arrolla con su seducción, que ha pulido y entrenado su voz y su expresividad, y que puede pasar con toda comodidad, y altísimo nivel, de clásicos del tango como «Volver», «Fuimos» o «Cantando», a boleros como «Pecado», «Cómo» o «Somos», en un recorrido que incluye también piezas propias (es importante su obra, en colaboración con Jorge Taboada o Javier Malosetti) como «Cornisas del corazón», la chacarera «Sauce grande», la guajira «Condéname a callar», o temas del folklore como la «Zamba de Juan Panadero» y «Merceditas». Un rubro aparte en este muy buen espectáculo es el de los músicos acompañantes, un título que les queda chico, especialmente al enorme pianista Horacio Larumbe. Por cierto, es muy bueno el percusionista uruguayo Oscar «Pocho Porteño» Vega, que participa de los temas más movidos. Pero lo del pianista es directamente magistral, por su originalidad para armonizar, por su permanente sorpresa, por su destreza sobre las teclas. Y ese talento queda expresado en toda su magnitud en el momento en que la cantante abandona el escenario y el músico interpreta una antológica versión de «Tu pálida voz» en la que se confunden el tango, los valses criollo y peruano, y el jazz, un género que Larumbe conoce a la perfección.

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