11 de febrero 2003 - 00:00

Marikena Monti, estupenda, aun sin micrófono

Actuación de Marikena Monti (voz). Con Pablo Greco (bandoneón) y Emiliano Greco (piano). (Bar-restaurante Tuñón; miércoles)

El espacio pequeño, intimista, que le permite una comunicación cercana y muy directa con el público, es el que mejor ha favorecido a Marikena Monti. Así, con su voz poderosa, repertorios diversos -aunque para siempre quedará asociada a las canciones francesas y a las composiciones de Jacques Brel-, con su estilo dramático, la cantante se ha forjado un respeto a lo largo de muchos años de trabajo serio. En este caso, sin embargo, Monti se decidió por una riesgosa vuelta de tuerca.

La base del repertorio que presenta cada miércoles y jueves en Tuñón está en el tango, con piezas como «La última curda», «Cambalache», «Nostalgias», «Nunca tuvo novio» o «Madame Ivonne»; y el respaldo musical está a cargo de Pablo Greco, un bandoneonista de incuestionable raigambre tanguera, y del joven pianista Emiliano Greco. Pero la curiosidad está en que la cantante se mueve por entre las mesas cantando sin amplificación, como en los tiempos en que los cantores tenían que disputar su espacio sonoro con los instrumentos acompa-ñantes.

Y por cierto, Monti gana esta partida con creces. Es cierto que la experiencia puede resultar extraña para los oídos actuales, acostumbrados a escuchar todo a intensidades muy altas y con ecualizaciones que ponen a cada uno en el lugar que prefiera. Pero como a la voz de Marikena le sobra potencia, vale la pena hacer el ejercicio retrospectivo de participar de un recital de este modo.

Un poco también actriz, la cantante se entrega en cuerpo y alma en cada tema y logra hacer partícipe al público de la emoción que trasunta. Y como regalos «fuera de repertorio», la tanguera que es Monti en este caso, suma a su recital una milonga rea de Jorge Schussheim, una copla española y una emblemática canción de Jacques Brel sobre la libertad, estas dos últimas, «a capella».

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