10 de febrero 2003 - 00:00

"Me atrae la posibilidad de cantar ante una gran masa"

Me atrae la posibilidad de cantar ante una gran masa
En medio de un ensayo de la producción de la ópera «Carmen» que subirá a escena el 21 de febrero en el Luna Park, dialogamos con el tenor argentino de brillante carrera internacional, Luis Lima. Nacido en Córdoba, y formado vocalmente en Buenos Aires y Madrid, Lima debutó en el rol de Turiddu en 1974, y a partir de ahí interpretó algunos de los personajes más célebres de la lírica en los principales centros operísticos del mundo (entre ellos, la Scala de Milan y el Metropolitan de Nueva York). Ahora, vuelve a Buenos Aires después de varios años de ausencia, para interpretar unos de sus papeles más celebrados: el Don José en la ópera de Georges Bizet.

Periodista: ¿Cómo se siente al volver a cantar en Buenos Aires, pero no en el Colón, sino en el Luna Park?


Luis Lima:
Esta es la prime-ra vez que lo voy a hacer y no me he puesto a pensar si tengo una sensación precisa por cantar acá y no en el Colón. Yo creo que en Buenos Aires el público siempre es el mismo, y uno canta para la misma gente. Y ese es un reencuentro que me da placer. A mí me gusta esto; no es que me agrade el Luna Park como sitio especial, porque ni siquiera lo veo en esta penumbra, pero me atrae la idea de cantar para una masa grande. No sé si será porque la última «Carmen» que hice fue en Verona, y esto se parece a un anfiteatro, pero me gusta mucho lo que se está trabajando en este escenario, la flexibilidad que aporta la regista Eva Halac, todo me parece muy interesante. El pequeño contacto que tuve con el maestro De Rose me hace intuir que va a ser una dirección musical muy adecuada, es flexible con la batuta, muy musical y profunda. Creo que va a ser una experiencia linda. Por supuesto que me hubiera gustado volver al Colón, pero lamentablemente retornar a él implicaba esperar un contrato que nunca llegó. A lo mejor, alguna vez vuelvo, si no me retiro antes. Tampoco sería un drama si no vuelvo. Volveré como asistente.

• Síndrome argentino
 
P.: ¿Cómo se ve el Colón de hoy desde afuera?

L.L.:
Yo no sé qué pasa técnicamente. Creo que será parte del síndrome argentino, de la crisis. Realmente no sé mucho, sé que no están contratando gente de nivel internacional, pero esto no quiere decir que se contrate gente menor nivel, lo internacional no es garantía de calidad. No sé quién es el director del Colón, quién lo fue, quién lo será. En noviembre o diciembre, me llamó mi agente para decirme que me habían ofrecido «Carmen». Después me dijo que no, que no les interesaba porque yo había cancelado mucho... pero viene un amigo mío y gran tenor, el mexicano Portilla.

P.: ¿Cuánto hace que no canta en el Colón?


L.L.:
Hace casi cuatro años, cuando canté «La Boheme» con Mirella Freni.

P.: Usted tiene una experiencia larga con «Carmen» ¿Que le parece este proyecto que encara el Luna Park?


L.L.:
La coherencia de esta producción la veo desde el punto de vista interpretativo, en cuanto a que Eva Halac pide que hagamos cosas naturales, que sigamos emocionalmente el texto; busca situaciones, posiciones, pero trata de no fraguar la cuestión estética, como ciertos registas que en una época querían crear imágenes de una «Pietá», imitando a Da Vinci. No, esto no ocurre acá. Yo he hecho interpretaciones modernas, ambientadas en la época franquista, en la época nazi; hice una de Giancarlo Del Monaco, con jeeps en escena. Nada real-mente molesta, porque desde el punto de vista de la coherencia, cualquier necesidad que uno tenga de volver a un concepto interpretativo que tiene el rol, siempre lo trae la música.

P.: «Carmen» es un producto típico del siglo XIX ¿Qué pasa con la vigencia de su propuesta?


L.L.: «Carmen»
es una ópera única. Creo que es una obra muy compleja. Es una «opera-comique», no porque pase nada cómico sino por sus parámetros estéticos, aunque también tiene pasajes cómicos como el quinteto. Es en sí misma una joya irreproducible en la actualidad. Pero, Carmen es una mujer de una actualidad constante. Es antigua y moderna. Puede darse en la época en que la pensó Merimée y puede seguir dándose todos los días.

P.: ¿Y Don José?

L.L.: Don José es un asesinastro. Un Pequeño asesino. Un tipo muy enamoradizo, que se arrepiente constantemente. Pide perdón, pide por favor, amenaza, ama a base de precios, está siempre asegurándose el beneficio. Es un calculador; un tipo que no se puede liberar de su mamá, un hombre muy contemporáneo, muy modernamente posible. Además no tiene control sobre sí mismo. Hace locuras, se enfrenta con un mafioso como Dancairo», y es un poco estúpido, un pusilánime, y eso está muy bien retratado por Bizet. El gran drama no es la muerte de Carmen, que queda como el broche espectacular de la ópera; el que cierra la ópera es la destrucción paulatina de Don José. Se derrite como una vela, cuando termina queda una manchita de lo que fue.

P.: Se dice que los cantantes líricos son personas difíciles. más aún cuando son estrellas...

L.L.:
No, para nada. Yo acabo de cantar con Plácido Domingo en Los Angeles, y él es una auténtica estrella. Dirige un teatro, dirige en otro teatro, ensaya en el Metropolitan, y en ningún momento se lo ve de mal humor, con desplantes tipo «aquí está Plácido Domingo». Ese es un problema personal de cada uno, ya que los tenores siempre han sido muy mimados por el público, entonces no hay razones para comportarse como divos.

P.: ¿Qué opina de la amplificación con la que va a cantar en el Luna Park?


L.L.:
A mí no me gusta la amplificación. Me gusta cantar a todo pulmón, y cuando empecé a cantar con micrófono -ocurrió en Córdoba en un concierto al aire libre con Darío Volonté-, empecé a sentir como un pinchazo en la garganta. Pero, todavía no me preocupa, porque, además, conozco al sonidista y confío en él. Espero que todo salga bien en ese sentido.

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