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30 de mayo 2002 - 00:00

Mediana metáfora sobre las vallas al progreso

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Escena del film


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El comienzo parece una versión light del corto inicial: dos tipos varados en la ruta, descubriendo los «misterios del interior». Pero ahora el misterio es un viejo hotel serrano, una gloria perdida, como esas que aún pueden verse, ya casi taperas, en Alta Gracia, La Falda, y lugares similares (de hecho, el film se rodó en el Valle de Punilla). Súbitamente, los advenedizos quieren reabrirla.

Unos lugareños se alegran y colaboran. Otros, en cambio, declaran la guerra. Acaso sea la lucha entre quienes piensan en grande, y quienes medran con el saqueo de los bienes abandonados...

Los personajes son atractivos: un peruano tristemente sabio y optimista, un abogado influyente, un acólito untuoso, dos mujeres acomodaticias, un amigo canchero, con apellido de prócer, dulce compañía, y lema emblemático (
Deja, significativamente, algunos cabos sueltos, que acaso sean puntas como para suponer una metáfora de actualidad. Algo así como una enseñanza amarga, sobre un feudo provincial poblado de obsecuentes que espantan al progreso, y donde los únicos que quieren hacer algo (todos extraños al lugar, expulsables) son unos voluntaristas que ignoran las leyes vigentes, la lógica de mercado, y hasta cosas tan inmediatas como la necesidad de capitales y el pago de jornales. Bueno, visto así, quizás no sea solo un retrato del país, sino también de alguna gente del cine hoy llamado independiente...

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