Ya fuera con standars de jazz, temas propios o temas más cercanos al pop, Brad Mehldau y su trío hicieron gala de un gran refinamiento, sutileza de toque y economía de recursos.
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Nunca pierde la línea ni el sentido de su discurso. Así va construyendo un concierto de un virtuosismo elegante que no necesita exhibicionismos estériles. Y no le importa tampoco saber que vino a Buenos Aires para presentar su último álbum
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