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9 de junio 2006 - 00:00

Melodrama clásico sobre males de pueblo chico

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Una pregunta difícil de responder es qué hace de una película un clásico. Una primera aproximación sería que la posibilidad de disfrutar de un film mucho después de que se haya realizado, es condición ineludible para el clásico. A esto se debe agregar la universalidad de los temas y el modo de abordarciolos. Estas dos características se conjugan en «Matar a un ruiseñor», película basada en la novela homónima de Harper Lee que ganara el premio Pulitzer. 

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Atticus Finch (Gregory Peck) es un recto abogado de una pequeña ciudad sureña en plena Depresión que, tras quedar viudo, intenta llevar adelante una buena vida junto a sus dos hijos. Toda la primera parte del film está dedicada a presentar la plácida infancia de estos dos niños y su imaginario de pueblo chico. Pero el gran tema de la película es el prejuicio. Por un lado, a partir de un juicio en contra de un hombre negro al que Atticus debe defender, con lo que toda la comunidad que en principio lo respeta, decide darle la espalda.

En segundo término, el prejuitambién alcanza a un solitariomuchacho que, tachado de psicópata, vive recluido en una casa cercana a la de los protagonistas. Ambas historias forman la segunda parte del film y, en su resolución realista, se suman al primer tramo para dar una acabada imagen del Sur de los Estados Unidos y sus pequeñas comunidades.

Otro ítem a tomar en cuenta para certificar su estatura de clásico cinematográfico son las interpretaciones, sobresalientes de Peck y los dos niños que son el hilo conductor de toda la historia.

Esta recuperación en formato digital además, ofrece un interesantísimo documental, comentarios del director y toda la información referida a los actores y realizadores del film.

H.M.

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