27 de julio 2006 - 00:00

"Mi verano de amor": lo mejor son los detalles

Natalie Press y Emily Blunt, las creíbles actrices debutantes que protagonizan una tramatelenovelesca mejorada con buenos diálogos y apuntes sarcásticos por un director inteligente.
Natalie Press y Emily Blunt, las creíbles actrices debutantes que protagonizan una trama telenovelesca mejorada con buenos diálogos y apuntes sarcásticos por un director inteligente.
«Mi verano de amor» (My summer of love, G. Bretaña, 2004, habl. en inglés). Dir.: P. Pawlikowski. Guión: P. Pawlikowski y M. Wynne, sobre novela de H. Cross. Int.: N. Press, E. Blunt, P. Considine, D. Andrews.

La relación que van a establecer la distinguida Tamsin y la rústica Mona se ve venir desde la primera vez que se cruzan en medio del campo; una va montada a caballo y la otra en una motito cuyo motor no funciona, pero pateando a conciencia en subida, puede dejarse llevar en bajada. Las dos son adolescentes, pero Tamsin está de vacaciones con sus padres, mientras Mona vive en un pueblo cercano con su hermano mayor, Phil.

Pronto se percibe, con la misma claridad, el tedio provinciano que consume a Mona, además de una angustiosa orfandad que Phil profundiza todavía más al comunicarle que se dispone a convertir el bar familiar en un templo consagrado a Jesús, donde entre otras cosas piensa encarrilarle el alma a ella.

Entre asustada y furiosa, Mona se encierra a llorar en su humilde cuarto. Un fugaz encuentro sexual posterior terminará de graficar la aridez de su mundo afectivo.

Cuando decide visitar a su nueva amiga, la encuentra tocando el cello. Luego Tamsin cita a Nietzche con Edith Piaf de fondo y sosteniendo desmayadamente una copa de vino. A medida que la charla se vuelve más íntima, cae de maduro que ella tampoco se siente contenida por un padre abstraído en sus asuntos y una madre «loca que anda viajando por ahí creyéndose actriz». Los sucesivos encuentros, plenos de confidencias -especialmente trágicas de boca de Tamsin- y de insensateces propias de la edad, terminan en enamoramiento más promesas de amor eterno. Al final, una saldrá herida y, desde luego, no hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de antemano cuál.

Vista así, la premisa básica de «Mi verano de amor» se parece demasiado a la de muchos culebrones televisivos. En compensación, además de haber escrito buenos diálogos, el director Pawel Pawlikowski resalta los pequeños detalles con inteligencia, sabe crear climas intensos (cuando no tramposamente inquietantes «alla» «Criaturas celestiales» de Peter Jackson, todo hay que decirlo), y de vez en cuando se permite un sarcasmo, que de ser más sostenido, hubiera agregado atractivo al relato. El seguimiento de la voluntariosa religiosidad de Phil -sobre todo conociendo de dónde le viene- está entre lo mejor del film. De hecho, la incomunicación entre estos hermanos que sólo se tienen el uno al otro entraña los momentos más emotivos.

Pawlikowski acertó asimismo en la elección de las dos actrices protagónicas. Si bien el papel de Natalie Press (Mona) está más a salvo del estereotipo, la Tamsin de Emily Blunt posee misterio y cinismo en cuotas creíbles. Ambas debutan en esta película, y la verdad es que lo hacen muy bien.

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