Montfort: "Escritores y periodistas somos detectores de fuego"

Espectáculos

Visitó el festival "Historias que enamoran", que se realizó en el Centro C. Borges, donde habló sobre el papel de la mujer en la ficción comercial.

El festival “Historias que enamoran”, que se realizó en el Centro Cultural Borges, la reunió con autoras argentinas de historias románticas, pero la española Vanessa Montfort podría haber estado en cualquier otro festival literario y presentar también en ellos su nueva novela, “El sueño de la crisálida” (Penguin). Montfort, catalana, es narradora, dramaturga y guionista. Lleva publicadas seis novelas. “Mujeres que compran flores” se distribuyó en 16 países. Quince de sus obras teatrales han sido representadas. En su visita a Buenos Aires dialogamos con ella.

Periodista: ¿Las escritoras han apoderado de la novela comercial?

Vanessa Montfort: Hace tiempo que la novela comercial, la romántica y erótica romántica, es campo de la mujer. Las escritoras no han cesado de ampliar la cantidad de géneros que tocan. Ya no pueden poner “novela femenina”, curiosa discriminación dado que no existe la “novela masculina”. Era un modo de decir: es de menor calidad, más ligerita, más para señoras. Claro que descartaban a algunas damas atrevidas con obras que los dejaron estupefactos. Hace tiempo que las mujeres escribimos novela negra, de acción, de ciencia ficción, con autoras que suelen ser best sellers. Hoy “novela comercial” es un género más, no importa la temática que tenga, es para todos los públicos. Por caso puede ser de la línea denominada “young adults” (una infantilización del lector) como la serie Harry Potter de Rowling.

P.: Después de los elogios y premios por sus novelas, se volvió best seller internacional con “Mujeres que compran flores”.

V. M.: Y que compran flores para ellas. Hasta ahí mis novelas y obras de teatro tenían que ver con lo histórico, lo social, con protagonistas hombres. Y el tema de la mujer estaba en boca de todos. Quise ver en qué estaba la mujer del siglo XXI. Observé una serie de arquetipos nuevos que se contraponen a los antiguos estereotipos de “la mujer copiloto”, “la sacrificada”, “la seguidora”, “la cuidadora”. Frente ellos había surgido el síndrome de la superwoman, haciendo todo lo contrario, lo que también es una losa: la mejor en el trabajo, la competitiva, si no tienes hijos no pasa nada, lo importante es progresar, ser independiente. Al final, parece que tenemos que pagar la deuda por los derechos que nos han dado siendo la mujer perfecta, y eso lleva al psiquiatra.

P.: Vino a participar del festival “Historias que Enamoran” por “El sueño de la crisálida” pero en realidad debería estar en el de “Historias Basadas en Hechos Reales”.

V. M.: En este libro se entrecruzó la periodista con la novelista. Es una ficción basada en una monja expulsada de la iglesia que me contó el acoso que vivió. Escritores y periodistas somos detectores de incendios. Descubrimos dónde hay algo que puede importar, y que no se contó antes. “El sueño de la crisálida” trata de rebeldes con causa. Greta, la monja, es contestataria a la renovación de la iglesia; Patricia al mundo del periodismo, Leandro al de la ciencia. Cuento las consecuencias de esa rebeldía. A Greta la vocación la había llevado al claustro, a los 33 sale al mundo y se tiene que reinventar, aterrizar en nuestro mundo, adaptarse. Es una alienígena que nos permite ver con otros ojos el reino de la prisa, la sociedad de cansancio, el estar pendientes de las redes sociales, y del ruido y la furia sin significado.

P.: Sorprende que hasta muy entrado el siglo XX no había dramaturgas como usted.

V. M.: Las había. Pocas y poco conocidas. O no estrenaban. O, como María Lejárraga, las firmaba Martínez Sierra, su marido. Desde el siglo XVIII la mujer entró en el mundo de la literatura a través de la novela. Y si no al teatro fue porque el teatro implica relaciones, encuentros, tertulias en los cafetines, alternar con actores y productores. La mujer novelista puede escribir en casa mientras atiende a los niños y, en el mejor de los casos, en el cuarto propio reclamado por Virginia, y que alguna tuvo como bendición en un convento. Las más libres podían llegar a un vodevil, a un teatrito barrial, nunca a uno nacional. Hoy hay muchísimas dramaturgas. Fui jurado en el Premio Calderón, y en el Premio Ana Diosdado para mujeres y es increíble la cantidad y calidad de las que se presentaron. La dramaturgia goza de buena salud, especialmente la femenina. Pero así como en la narrativa entrar es fácil para la mujer, en la dramaturgia no ocurre lo mismo. Muchas de las españolas pudimos empezar estrenando fuera. Yo tuve la suerte de comenzar en Londres.

P.: Y con Harold Pinter y Tom Stoppard como maestros.

V. M.: Y David Hare, y Martin Crimp, y Caryl Churchill. Cada vez que me cruzaba en el Royal Court Theatre con uno de esos tótems sentía que estaba en el paraíso de la dramaturgia y me pellizcaba. Mi madrina fue Elyse Dodgson, directora internacional del Royal Court. Buscaba talentos por el mundo y los llevaba a talleres en Londres para recordarnos que el texto es el centro de la acción dramática. Hay tres lugares en el mundo donde el teatro es parte de la atmósfera que se respira y no quiero morir sin ver puesta allí alguna de mis obras: Londres, donde ya estrené, Nueva York, donde estoy estrenando ahora, y Buenos Aires.

P.: Acaba de estrenar en España “Firmado Lejárraga”.

V. M.: No me quiero ir sin llevar una rosa a su tumba en la Chacarita. María Lejárraga fue maestra, traductora, diputada republicana, feminista, una exiliada que pasó el final de su vida en Buenos Aires, Escribió 90 obras de poesía, ensayo, teatro, con clásicos como “Canción de cuna”, y guión cinematográfico, de “La dama y el vagabundo” de Disney, de “El amor brujo” y “El sombrero de tres picos” de De Falla, y que por lo común firmó su marido, el gran director y productor Gregorio Martínez Sierra, que si bien llevó a García Lorca a escena, nunca escribió una línea. El director del Centro Dramático Nacional de España me encargó reivindicar a Lejárraga, su historia me la había contado Rosa Montero. Más que encargo fue un regalo. Investigué un año y medio su caso, la historia de uno de los autores más importantes del siglo XX español. La primera dramaturga española con estrenos de éxito rotundo en el Broadway Theatre y en el teatro Champs-Elysées.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

V. M.: Una novela sobre la Generación de Plata que, de no haber sido truncada por la Guerra Civil, habría sido otro Siglo de Oro Español. Una obra de época a partir de alguien que investiga en la actualidad. Es que he tenido que estudiar tanto para Lejárraga que me fluye. Uno de los escenarios principales va a ser Buenos Aires.

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