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Si consideramos que hacen sonidos durante todo el espectáculo, deberíamos pensar esta nueva propuesta de El Choque Urbano, «Fabricando sonidos», como un show musical. Sin embargo, estaríamos siendo injustos y los obligaríamos a perder en ese terreno.
Porque lo que proponen se sostiene únicamente en la puesta teatral, en la observación, en el asombro de ver a estos ocho chicas y muchachos haciendo maravillas con los elementos más inverosímiles, en la enorme creatividad plástica puesta en juego, en los movimientos de ballet que juegan sobre el escenario, en el despliegue físico, en la sincronía perfecta que entretiene a la vista además de a los oídos.
La escenografía da cuenta de un ambiente fabril, más cercano en realidad a un destartalado taller de barrio. Y allí, en medio de tambores de combustible, tachos viejos, caños entrecruzados, herramientas y objetos en desuso,
Eso se hace más evidente aun con la interpretación de