26 de enero 2002 - 00:00
"Muestra sexo crudo y bello, pero es una película de amor"
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Patrice Chéreau
«Demasiado francesa para parecer inglesa, demasiado erótica para ser artística, demasiado emocional para resultar erótica», Patrice Chéreau (Lézigne, 1944) sonríe de medio lado cuando usa un juego de palabras que describe exactamente la controversia que siguió al estreno en Francia y el Gran Bretaña de la película, y agrega: «Es más una historia de pasión que se convierte en amor, una magnífica intimidad que mostrar y narrar el tardío viaje iniciático de una mujer».
«Yo soy ambos, Jay y también Claire. Y tengo algo de Hanif. He cometido sus errores y logrado sus conquistas. Y vivo siempre a la búsqueda», confiesa Chéreau. Esta es su primera película rodada en inglés y en el suburbio obrero londinense de New Cross, en el área Lewisham.
Periodista: Es un Londres crudo y frío, alejado de las estampas turísticas.
Patrice Chéreau: Yo no lo conocía, hubo lugares que descubrí por mí mismo, perdiéndome por las calles, como es el caso de New Cross y después estuvo la implicación personal de Gary Oldman, al que llamé para probarlo en el papel de Jay. Estuvo formidable, pero en aquel momento atravesaba un momento muy delicado con su familia y decidió no hacer la película, para no tener que rodar las escenas de sexo. Lo comprendí perfectamente. Después se involucró en las localizaciones, haciéndome conocer lugares como Old Kent Road y Peckham. Zonas que Timothy Spall bautizó como territorio Mike Leigh (el director de «Secretos y mentiras»).
P.: ¿Hay algún pintor que usted y el director de fotografía Eric Gautier hayan utilizado como referencia?
[La primera, cruda y muy gráfica secuencia sienta el tono del resto del film y sirve a Chéreau para dinamitar el tradicional tempo de los tres actos: presentación, nudo y desenlace. El primero contiene el mayor número del total de escenas sexuales -finalmente hay hasta seis-y su fuerza e intensidad le erigen en el más impresionante de «Intimidad»].
P.: Las primerísimos planos sobre el cuerpo dormido de Mark Rylance y su mísero departamento resultan casi claustrofóbicos.
P.Ch.: Así se muestra el cuerpo humano como un elemento de comunicación no verbal más que como instrumento erótico. Cuando casi inmediatamente llega Claire, intentan una conversación banal sobre sus discos y él le hace una taza de té instantáneo. Pero son los segundos que preceden a su abrazo, que se ve en primer plano más como expresión de su desesperación y necesidad y, también, como una confesión mutua expresada sin palabras.
Preparación
P.: ¿Cómo preparó con los actores y el equipo las seis crudas escenas sexuales?
P.Ch.: Si le parecen distintas a las que usualmente se ven en otras películas es porque fueron ensayadas al igual que los diálogos. Con los actores se establecieron ciertas normas como no enseñar partes del cuerpo en particular, pero tampoco esconderlas a todo precio.
También pactamos evitar el uso de la cámara en mano que la hubiera convertido en una película voyeurística más. Y la tercera norma fue ensayarlo todo hasta donde los actores sintieran que estaban absolutamente seguros de lo que fueran a realizar más tarde. No hubo improvisaciones y ellos dos sabían en todo momento dónde estaba la cámara, de modo que pudieran esconder lo que desearan. Una vez que tuvieron su espacio, se rodó lo ensayado.
Sin interrupción y en tiempo real, algo así como desde el comienzo hasta la llegada del orgasmo. Interrumpir el rodaje para incluir más tarde un insert las habría convertido en escenas banales, ya vistas, sin verdad.
P.: Tras Gary Oldman, ¿cómo llegó hasta Mark Rylance?
P.Ch.: No fue un proceso tan rápido, porque hubo otros. Los descarté porque o querían introducir demasiados cambios o se mostraban exageradamente encantados de ir muy lejos. A Mark le había ofrecido el papel secundario de Victor pero lo vi como el boxeador alcohólico del programa de televisión «The Grass Arena» y ya fue el único Jay posible.
[La mujer, Claire, de clase obrera, treintañera, casada con un taxista ( Timothy Spall) y actriz amateur (la película la muestra significativamente interpretando el papel de Laura en «El zoo de cristal», de Tennessee Williams), no existía en «Intimidad», de Hanif Kureishi, y en el cuento breve «Amor en tiempos tristes» era sólo un mito. Chéreau y Trividic no sólo crearon un personaje principal, sino que lo convirtieron en el protagónico.
Para interpretarla, el director se decidió por la actriz neozelandesa Kerry Fox, descubierta junto a Ewan McGregor en «Tumba al ras de la tierra» ( Danny Boyle, 1994) y que retrató a la escritora Janet Frame en «Un ángel en mi mesa» ( Jane Campion, 1990). Fox y Rylance son los primeros actores de renombre que realizan sexo oral en un film no pornográfico. Además, el novio de Fox y padre de su hijo, el escritor Alexander Linklater publicó un artículo en «The Guardian» acerca de sus dudas iniciales, aprecio final al ver la película y las barreras que un actor puede traspasar. Todo ello, avivó una polémica generada por la película acerca de los límites del sexo en la pantalla o la estrecha franja que divide la pornografía y el arte].
Arte y pornografía
P.: ¿Cuándo descubre Jay que se ha enamorado y cuándo se torna «Intimidad» en «la película» que se hace Claire?
P.Ch.: Las dos cosas suceden tras el segundo polvo y cuando Jay la persigue para conocer su identidad, su casa, su famila... Todos los hombres de la película cometen los típicos errores masculinos en cualquier relación, porque son fundamentalmente frágiles. Pero es Claire la que busca: como actriz, los efectos liberadores de la improvisación, como mujer, algo que le haga sentirse viva. Al final, una ha salvado al otro y pueden seguir con sus vidas tras un cambio.
P.: ¿Fue muy distinto el trabajo con la actriz y el actor?
P.Ch.: Siempre digo que construir un reparto es como un pequeño milagro. Ella no sabía nada de mí, no me conocía ni había visto ninguna de mis películas. Eso nos permitió empezar de cero. Al principio no le di ni el guión, solo le hablé de forma explícita. Se entregó completamente a mí, erigió su personaje a partir de trabajar con Timothy Spall y Marianne Faithfull. Al final me dijo que como profesora de interpretación que es, pudo resolver preguntas, inseguridades y desequilibrios que su profesión le proporcionan.
P.: Intimidad aparece tras «La pianista», «Lucía y el sexo» y «Baisemoi». Y antes que «The Center of the World», «A Ma Soeur» y «Killing Me Softly» . ¿Es una coincidencia que un puñado de cineastas tan distintos muestren el sexo más real en las pantallas?
P.Ch.: Puede ser una coincidencia pero nada más. Creo que la labor de cualquier artista es explorar los límites, ir más lejos y encontrar respuestas a nuevas preguntas. Aunque incluya 35 minutos de intimidad entre un hombre y una mujer, «Intimidad» es una película que muestra un sexo que parece real, que es crudo y bello pero no particularmente erótico, por ello no debe ser reducida a una «película sobre el sexo». «Intimidad» no es una historia de sexo, es una historia de amor y emociones y el sexo es el instrumento para comunicar esto al principio. Y he querido mostrar lo bello que puede ser.
Filmografía
La labor artística de Patrice Chéreau se extiende más allá del cine, con producciones de teatro y ópera y ocasionales intervenciones como actor. Antes de «Intimidad», dirigió: «La sangre de la orquídea» (1975). Debutó con un thriller en el que Charlotte Rampling interpreta a una mujer desequilibrada, encerrada en un castillo por su tía. Cuando consigue escapar debe huir con un hombre perseguido por dos asesinos. «Judith Therpauve» (1978). Recluta en esta ocasión a la magnífica Simone Signoret para un film de factura realista sobre un diario local en dificultades. «El hombre herido» (1983). El deseo y sus peligros sobriamente resueltos en un drama con crimen de por medio, que explora sin escrúpulos los demonios de la sexualidad. Un manifiesto precedente de «Intimidad».
«Hotel de France» (1987). Adaptación literaria del director galo, que a pesar de basarse en un texto del dramaturgo ruso Anton Chejov no logra la intensidad dramática necesaria. «La Reina Margot» (1994). Romance histórico con tratamiento moderno basado en el clásico de Dumas que fue el espaldarazo internacional para Chereau. Sexo y amor como desafíos existenciales. «Los que me quieren tomarán el tren» (1998). Los rincones oscuros de la condición humana tratados con realismo en un guión de hondura dramática y con un gran reparto.




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