«Soy el 8», tela que junto a otras 24 (entre ellas, papeles y
maquetas), recorre las distintas «estaciones» de la vida del
gran artista y arquitecto Clorindo Testa.
En el Pabellón de arte de la Universidad Católica (Alicia Moreau de Justo 1300, en Puerto Madero), el gran maestro Clorindo Testa (1923), expone veinticinco obras, telas, papeles y maquetas. Las muestras de Testa son estaciones de su tiempo: el espacio del artista y el arquitecto en el tiempo autobiográfico en que se construye a sí mismo y su mundo. No fue casualidad que en la Bienal de Buenos Aires se lo nombrara Arquitecto de América siguiendo la propuesta de Rafael de la Hoz, presidente de la Unión Internacional de Arquitectos. También hay que resaltar -esta vez como pintor-, el Gran Premio de la Bienal de San Pablo con el Grupo CAYC, en 1977.
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Los trabajos expuestos, «Autorretrato con la peste o « Caperucita Roja» (1990) y « Autorretrato 1923 «(1995), remiten a su serie de 1988, en la que puso de manifiesto que para él no hay cambio de edades sino de estaciones, lo que en el fondo es semejante: la vida constituye un sucesivo llegar y partir de las etapas. «Estoy vivo»» y «Estoy despierto» pertenecen a la serie Repeticiones sobre un mismo tema, cuyos títulos, entre otros, «Estoy riendo», «Estoy llorando», «Estoy pensando», «Estoy muerto», «Ab Infinitud», se completaban con el díptico «Esta es mi casa». Los expuso por primera vez en Tokio en el Stripped Museum. Un mismo rostro humano visto de perfil, que ocupa la parte inferior de la tela y de cuya boca salen las palabras de cada título. Pero no sólo es un mismo rostro: todos sus gestos y sus actitudes, son similares, como si no hubiese diferencias entre unos y otras, como si el hombre fuese igual en cada una de sus manifestaciones. Desde la cuna hasta la tumba, «desde el infinito» (título de una de las pinturas), mediado por su casa, que expresa su ser y lo contiene, tal como supuso Gastón Bachelard.
En esta línea autobiográfica, cabe recordar que tras la muerte de su padre, a fines de la década del '60, Testa halló unos dibujos suyos de cuando era niño. Uno de ellos mostraba a Caperucita Roja, la clásica heroína de los cuentos infantiles. Ubicada en vísperas de sus grandes series acerca de la peste, «Caperucita Roja» parecía más una íntima rendición de cuentas, que una parábola sobre la infancia. Algunos pasteles de Caperucita y Barba Azul insinúan el estilo esplendoroso de Ceppaloni -su lugar de nacimiento-, vinculado a sus obras sobre la peste.
En una excelente sala de exposiciones (la UCA), exhibe dos telas sobre esa temática: « Retrato de la peste» (que se asoma en una casa de Ceppaloni), de 1978. «La fiebre Amarilla» (se asoma en una casa de Buenos Aires), 1981, aludiendo a la epidemia de fiebre amarilla en la Argentina, en 1871. La primera también conserva su alusión al pasado, pero lo robustece autobiográficamente. Es ése el nombre de un pueblo situado en la provincia de Benevento -la de Clorindo Testa y sus mayores-, que se mantiene hoy tal como era a mediados del siglo XVII, cuando fue alcanzado por la muerte negra. La serie no sólo evoca la peste sino también el sistema político.
• Sencillez
Son contingencias culturales y ecológicas a través de un idioma que contiene todos los elementos necesarios para su decodificación: no es preciso saber mucha historia para discernir el significado de un castillo medieval o de un personaje de la época. Se puede ver una maqueta de «Automóvil» (1928-29), que realizó cuando tenía seis años, y reiteró siendo mayor para mostrar cómo los chicos por intuición, utilizan el método Monge que se enseña en la facultad. Otra maqueta expuesta es la del proyecto nunca realizado para la sede de Aerolíneas Argentinas: una torre diseñada como «una mesa alta, con cajoneras», que deja pisos libres o sin «cajoneras» para completar en el momento necesario. Sus obras tienen una idea rectora, que sintetiza los múltiples aspectos de una propuesta arquitectónica, la frescura y el desprejuicio de un gran artista. De ahí su emergente vitalidad y su ausencia de « recetas», para bien de la arquitectura argentina.
Una intervención del diputado Alfredo Lahitte en 1884, fue un siglo después, el punto de partida de una muestra de Testa, «Algunos instantes en cien años» (1984). En septiembre de 1884, cuando el diputado bonaerense tronaba en la Cámara, había nacido Juan Andrés Testa, el padre de Clorindo, que iba a afincarse más tarde en esa Argentina a la que Lahitte consideraba perdida por su obsesión de endeudarse. El diputado comentaba palabras del economista francés Leroy-Bouillé que hacía notar que cualquier país que destinara más de 20 por ciento de su presupuesto para el pago de deudas no podía progresar. Observación significativa si tenemos en cuenta que en aquel momento, la Argentina estaba pagando 41 por ciento anual por su deuda externa. El economista la comparaba con Rusia. Esta situación se mantiene, y hasta el día de hoy en ambos países está vigente esa problemática.
Se destacan en la muestra dos obras de grandes dimensiones, «El cerro de Potosí» y «Las cien mulas de plata del Gral. Pueyrredón», ambas de 1991. Fue un indio, Huallpa, quien descubrió, por azar, el Cerro de Potosí, en 1545. Las 5.000 minas del Potosí dieron a España la mayor producción argentífera de sus colonias. A los pies del monte, la ciudad de Potosí, nombrada Villa Imperial por el Rey de España en 1553, fue con su magnificencia y su enorme población, el correlato de aquel portentoso depósito de metal, cuyo nombre entró en el lenguaje coloquial de Europa como sinónimo de gran riqueza. La Casa de Moneda inició sus reservas en 1574.
A mediados del XVIII, la ciudad empezó a decaer, al disminuir la producción argentífera. Es aquí donde Testa retoma su saga de Potosí, ciudad incluida en el Virreinato del Río de la Plata -como todo el Alto Perú, por cierto- desde 1776, y lo cuenta a través de singulares dibujos. «Amanzanamiento» son pinturas sobre papel, que simulan vistas aéreas de las manzanas de Buenos Aires, en las que no se corresponden las calles, ni los nombres. En una de ellas, algo más abstracta, Testa ha querido marcar el sentido optimista de este tiempo: un cuadrado negro representa la Plaza de de Mayo, y dentro de él, uno verde nos remite a una esperanzada proyección al futuro.
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