En el aspecto de la seguridad no hubo sobresaltos. Pero en materia de sustancias estimulantes, no era justamente tranquilidad lo que mostraron los más de 25 mil saltarines el sábado. Para ingresar hubo rigurosos controles: pedían documentos a quienes tuvieran aspecto de menores de edad, cacheaban velozmente a la gente para no entorpecer el ingreso y sometían a detector electrónico a los tickets, para corroborar las frecuentes falsificaciones.
Si bien se anunciaba que habría una cola especial para aquellos que llevaran mochilas o bolsos, para evitar elementos prohibidos como bengalas, bebidas, comida, aerosoles, botellas, también retuvieron cámaras de video y fotográficas, con el fin de frenar la circulación «trucha» de imágenes vía Internet.
Curioso que dentro del item objetos peligrosos no figurara la droga, pues volvió a abundar como en todas las fiestas. El «bicho» (éxtasis) siguió siendo lo más consumido, generando en la masa saltarina sensación de incansable esplendor, matizada con momentos de abrazos y caricias entre los grupos.
También conocida como «droga del amor», todos sonríen con pupilas dilatadas tras sus gafas de sol y beben agua para no deshidratarse. Dentro de la megapista se delimitan claras «tribus», con sectores donde la gente además del «bicho» consume otras drogas. En un sector se veía ketamina (similar a la cocaína), en otro lugar se olía el típico aroma del «lanzaperfumi» (líquido que se vuelca en la ropa y se aspira) o el «popper»; otro grupo, el más grande, fumaba marihuana.
El Southfest estuvo claramente concebido más como megaboliche que como sede para exaltar el consumo. Hubo sólo un main stage, sin demasiados lugares anexos por explorar, excepto los dos vips y la larga barra donde se adquirían las botellas de agua mineral, speed con vodka o algún comestible. Pero nada de locales de sushi, pizza o todo tipo de variedad, cual patio de comidas de shopping. Fue notable la ausencia de merchandising y sponsors publicitando sus marcas de manera no tradicional.
A diferencia de «Creamfields», donde hay tantas fiestas como carpas se monten, toda la fiesta pasó por el escenario principal, razón por la cual resultó uno de los más grandes e imponentes que se recuerdan en los últimos años. Es que para albergar a tan solo un DJ, o grupos de tres intregrantes como mucho, sobresalía la inmensidad, la calidad lumínica y la pantalla de plasma con imágenes abstractas y coloridas.
Los DJ's invitados estuvieron a la altura de las circunstancias. Abrieron la fiesta a las 6 de la tarde los locales
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