28 de mayo 2008 - 00:00

Murió Sydney Pollack, un polifacético de Hollywood

Actor ocasional, director y productor de más de 40 películas propias y ajenas, Pollack deja títulos entretenidos como «Tootsie» y otros de fuerte compromiso cívico como «Baile de ilusiones» o «Tres días del cóndor».
Actor ocasional, director y productor de más de 40 películas propias y ajenas, Pollack deja títulos entretenidos como «Tootsie» y otros de fuerte compromiso cívico como «Baile de ilusiones» o «Tres días del cóndor».
Con apresuramiento, muchos confunden a Sydney Pollack, fallecido la noche del lunes a los 73 años, víctima de cáncer, con Sidney Lumet, que empezó un poco antes, pero en cierta forma le abrió camino. Ambos se destacaron por combinar entretenimiento y compromiso cívico, pero hay que reconocer que Pollack llegó a ser más entretenido, al menos con «Tootsie», bastante zafada para su época, y «Operación Yakuza», excelente policial protagonizado por Robert Mitchum. De la primera, ya se sabe, sacaron provecho Alberto Olmedo, Hugo Sofovich, y unas cuantas tiendas de ropa femenina para hombres. La segunda inspiró incluso a los mismos orientales, que desde entonces redoblaron sus películas de gangsters dispuestos a cortarse ceremoniosamente sus propios dedos en señal de amistad.

En cuanto al Pollack de compromiso cívico, no está mal recordar su primer título fuerte, «Con la vida en un hilo» («Slender Thread», 1965), donde Sydney Poitier, desde su puesto de Asistencia al Suicida, trata de ayudar a Anne Bancroft, que ya ha tomado los somníferos. Cuando la mujer finalmente se recupera, un familiar quiere conocer al salvador. Este rehúye, y no por humildad, sino porque es negro.

Otro título fuerte: «They Shoot Horses, Don't They», ¿acaso no matan a los caballos?, la frase que un ingenuo Michael Sarrazin dice a la policía, tras haber matado a una mujer, Jane Fonda, que le pidió morir, ya harta de una vida de humillaciones públicas (el título de estreno local fue, digamos, suavemente irónico: «Baile de ilusiones»).

Junto a ése, Pollack acumula varios films de diverso género con Burt Lancaster («El nadador», «El camino de la venganza», «Los temerarios»), y, sobre todo, con su amigo Robert Redford: «Una mujer sin horizonte» (aclaremos, la mujer era Natalie Wood), «La ley del talión» («Jeremiah Jonson», western muy singular), «Nuestros años felices», que reconsideraba el idealismo de izquierda, la exitosa denuncia contra la CIA «Tres días del Cóndor», las más flojas «El jinete eléctrico» y «Havana», y el melodrama de época «África mía», que la Academia de Hollywood premió exageradamente, dándole incluso el Oscar al mejor director, donde Pollack competía nada menos que con Akira Kurosawa, por «Ran», y John Huston, por «El honor de los Prizzi» (a destacar, completaba la tanda el marplatense Héctor Babenco, por «El beso de la mujer araña»).

Como una suerte de castigo, sus siguientes películas se fueron volviendo prescindibles, como por ejemplo su innecesario y opaco remake de «Sabrina» de Billy Wilder. Pero con las buenas que hizo ya es suficiente para recordarlo agradecidamente, como se merece.

En total dirigió 21 películas y 10 series de televisión y produjo 44 films propios y ajenos, entre ellos «Sensatez y sentimiento» de Ang Lee y «El paciente inglés» de Anthony Minghella.

Polifacético -o «renacentista», como dicen algunos obituarios estadounidenses- Pollack empezó en el cine como actor (en 1958, mientras estudiaba arte dramático en una escuela de arte de Nueva York, conoció a su mujer para toda la vida, Claire Griswold), después siguió como director y durante sus últimos años se dedicó casi por entero a la producción, si bien se lo volvió a ver en películas recientes como «Michael Clayton». En «Made of honor», actualmente en cartelera en EE.UU., hizo su última aparición en la pantalla en el personaje de Thomas Bailey.

Paraná Sendrós

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