ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

31 de agosto 2007 - 00:00

Nacha halló show a la altura de su talento

ver más
En el marco de una puesta sencilla pero refinada, Nacha Guevara (en uno de sus mejores trabajos) y Manuel Bandera repasan distintos tópicos del amor con convicción y excelentes recursos actorales y vocales.
«No te prometo amor eterno» de B. Gambartes y D. Vila. Int.: N. Guevara y M. Bandera. Dir. Gral.: B. Gambartes. Dir. Mus.: D. Vila. Esc.: A. Negrín. (Metropolitan 2.)

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

La temperamental Nacha Guevara encontró un dúctil partenaire en Manuel Bandera quien veinte años después de «Las cosas del querer» sigue conservando su porte y su sonrisa radiante, de galán de Hollywood. Claro que al lado de Nacha su protagonismo decrece o mejor dicho se adapta al de ella, que una vez más pone en juego toda su seducción (aquí prefirió lucir sus piernas e intercambiar apasionados besos y caricias sin desnudarse como en «El graduado»).

La actriz y cantante tuvo el buen tino de canalizar sus arrebatos de diva en un rol muy fuerte que en cierta forma representa el paradigma de la mujer actual: ambiciosa, independiente y competitiva (algo cínica y caprichosa en este caso), pero ante todo una mujer que ama y desea a su hombre sin poder conciliar sus ansias de libertad con la idea de una pareja estable.

El espectáculo da cuenta de los diferentes tópicos del amor alternando breves dramatizaciones y pequeños sketchs con un atractivo repertorio que incluye tangos, boleros, coplas y canciones de buenos letristas como Charles Aznavour, Joaquín Sabina y Liliana Felipe, entre otros. Estos temas introducen un punto de vista menos sentimental y bastante más escéptico que el tradicional cancionero romántico, o bien incluyen cierto nivel de delirio como el poema de Oliverio Girondo que recita Nacha Guevara.

Ambos intérpretes transmiten una muy buena química, bailan con elegancia, se odian y se aman como lo haría cualquier pareja y, además, logran articular dos estilos interpretativos muy diferentes. Siempre vestidos con distinción, incluso cuando comparten la mesa de desayuno, van transitando por distintos climas que la escenografía de Alberto Negrín contribuye a resaltar concentrándose en pocos elementos.

La puesta de Betty Gambartes es sencilla pero refinada. En términos musicales y con el respaldo de Diego Vila se atrevió a cometer algunas audacias como la de entrecruzar dos canciones a manera de diálogo o de recrear temas muy conocidos alejándolos de su registro habitual. Ambos se ocuparon de que los dos intérpretes tuviesen el mismo nivel de lucimiento como solistas.

Bandera sorprende agradablemente cuando canta «Esta tarde vi llover» mientras remeda la coreografía de Gene Kelly en «Cantando bajo la lluvia». El cruce puede resultar algo extraño, pero funciona.

Obviamente, el intérprete andaluz encuentra su punto fuerte en la copla española, aunque en los demás temas también se defiende con gracia y sensibilidad.

Nacha, por su parte, consigue transmitir un dolor sincero y profundo cuando interpreta el bellísimo tango «Soledad» de Gardel y Le Pera. En cambio, puede llegar a desconcertar a cierto sector del público, como ocurrió la noche de estreno cuando recreó el bolero «No» de Armando Manzanero con su peculiar fraseo e inesperados agudos. Lo cantó con rabia pero se lamentó el vapuleo melódico que sufrió el tema. Demás está decir que Nacha Guevara es la misma de siempre (dicho esto como un elogio). Como actriz, cantante y estrella de la escena ha encontrado al fin un espectáculo digno de su talento y de sus mejores trabajos. Por si esto fuera poco la presencia del actor español realza la bravura de su femineidad así como el erotismo de este show.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias