6 de marzo 2002 - 00:00
Nada peor que un gobierno que cree encarnar el bien
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Periodista: Los gobiernos que encarnan el bien derivan en el populismo, el autoritarismo y conducen a la catástrofe...
Tzvetan Todorov: Resumido así resulta un tanto paradójico. Yo advierto contra la ilusión de que un gobierno, sea el que sea, pueda instaurar el paraíso en la Tierra. Ésa es la ambición de los regímenes totalitarios y no se encuentra enteramente ausente de las democracias, aunque aquí se basa menos en la represión policial y más en las recetas económicas o los progresos tecnológicos. El objetivo de un gobierno debería ser «lo mejor» y no «el bien»: lo relativo y no lo absoluto.
T.T.: Sucede cuando los medios se convierten en objetivos. El mayor ejemplo sería el lugar que ocupa la economía en nuestras sociedades. El buen estado de la economía es deseable para el bienestar de la población. Pero el éxito económico no debería ser un fin en sí mismo, sobre todo cuando exige sacrificios en otros planos. Cuentan que un pescador del Caribe escuchaba la lección de un empresario yanqui: «En lugar de salir a pescar, usted debe montar una empresa, reclutar personal, abrir sucursales, vender su pescado en todo el continente y hacerse rico». «¿Y qué haría una vez rico?» «Bueno, por ejemplo, podría irse tranquilamente a pescar».
P.: Otro punto básico de su nueva obra es la crítica al derecho de injerencia actual, que mezcla lo humanitario y lo militar.
T.T.: Combatir la tiranía por medios militares puede ser necesario, pero no hay necesidad de travestir ese combate en intervención humanitaria. Enfrentar a Hitler fue indispensable, pero no un acto humanitario, que tiene como único objetivo aliviar los sufrimientos de los hombres, cualquiera que sea su obediencia política. No creo que haya «bombas humanitarias». La Cruz Roja es una cosa y el Ejército Rojo es otra. Por unir ambas cosas, corremos hoy el riesgo de convertir en imposibles las misiones humanitarias, porque éstas serían siempre sospechosas de ser el camuflaje de una acción militar. Los sacos de manteca de maní, arrojados junto a las bombas en Afganistán, son un ejemplo de esta confusión indeseable.
T.T.: Fue una intervención militar con diversos resultados. Uno de ellos es que la población albana ha dejado de ser objeto de persecuciones, de lo cual me alegro mucho. Otro efecto es que las poblaciones eslava, gitana y turca de esta misma zona -las minorías de la minoría-se han vuelto objeto de persecuciones, debieron hacer las valijas e irse. La intervención occidental, emprendida para combatir la limpieza étnica, ha contribuido a instaurar estados o regiones étnicamente homogéneas, lo que es contrario al ideal democrático. ¿Podían haber funcionado otros métodos? La historia no es como las matemáticas, aunque estoy convencido de que sí. Milosevic ha caído por muchas razones, pero ninguna de ellas ha sido los bombardeos sobre Belgrado.
P.: ¿Qué opina de las tesis de Hungtington?
T.T.: No lo comprendo. ¿A que llama civilización? Si se refiere a la religión: Occidente no es una religión, sino un mundo esencialmente laico. No existen un choque entre el islam y el cristianismo, o entre el islam y la democracia liberal. Si Pensamos así podemos caer en la trampa de los terroristas.
P.: Para usted no hay crisis de ideologías...
T.T.: El paradigma democrático mantiene toda su actualidad y vigencia. Una gran distancia separa el ideal democrático de la vida real.
P.: En cualquier caso, ahora, tras haber estudiado el mal, comienza un nuevo libro...
T.T.: Trata sobre qué tipo de trascendencia conciben los individuos en su espíritu, una vez que renuncian a Dios, en el mundo laico que empieza en el XIX y llega hasta hoy.




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