22 de marzo 2002 - 00:00

Nadie olvidará este villano de Kingsley

Escena del film
Escena del film
«Bestia salvaje» («Sexy Beast», Inglatera, 2000, habl. en inglés). Dir.: J. Glazer. Int.: R. Winstone, B. Kingsley, J. White)

U n caso curioso: en «Bestia Salvaje» la estrella no es el protagonista, ni un actor de reparto nominado para el Oscar, ni un productor de prestigio, ni un director debutante muy talentoso, sino la encargada del casting, Lucy Boulting. Su rubro es tan subestimado que, a diferencia de los efectos de sonido, el vestuario, el maquillaje o los efectos especiales, ni siquiera compite por el Oscar (ni tampoco mereció nunca uno honorario).

Sin embargo, si una película tan fuera de lo común como «Bestia Salvaje» merece verse sin demora, es gracias a Boulting. Su trabajo es una obra maestra: cada protagonista, actor secundario o figurante, aparece en pantalla y da en el blanco de lo que le pedía el guión. Un guión imposible de creer sin esta perfección zoológica, por otra parte.

Con menos surrealismo alla «Cul de Sac», todo sería más sencillo. Después de todo, la pequeña historia narra las resistencias para volver al trabajo de un regordete gangster retirado que se fue de Londres para vivir la buena vida en España junto a su mujer (ex estrella porno) y una pareja amiga (ella viciosa bomba sexy madura, el un anciano razonable, comprensivo).

El problema es que el hampón que lo invita al trabajo es un villano sin mácula: no acepta un no, ni siquiera cuando se pone a fumar justo antes del despegue de un avión, mucho menos va a aceptar que no contará con un peón más para su robo magistral, teniendo en cuenta, además, que la visita que le hace incluye un nuevo contacto con una señora con la que intimó algún tiempo atrás.

El director de «Bestia Salvaje» es conocido solamente por sus antológicos clips de bandas de rock alternativo como Blur y Radiohead. El protagonista, Ray Winstone, es un ex boxeador que actuó en «Quadrophenia» y en cada escena parece querer sublimar la esencia del mal gusto cockney, más toda la sabiduría zen de un hooligan arrepentido.

El espectador argentino sólo reconocerá a dos personas entre todo el elenco y el equipo de
«Bestia Salvaje»: al productor Jeremy Thomas (responsable de films de arte como «El Ultimo Emperador», «Refugio para el amor», «Crash», y «Festín Desnudo»), y a Ben Kingsley («Gandhi») que encarna aquí al abominable gangster. El actor de carácter oscarizado por su lucimiento con túnica y acento indi, detonó un esfuerzo de décadas en este singular policial negro con toques surrealistas al mejor estilo del primer Polansky (no precisamente el de «La muerte y la doncella»), como para merecer ahora el Oscar como actor secundario para el que está nominado.

No hay un tipo tan degenerado y horrible como el criminal que interpreta
Kingsley en esta película. Justamente eso es lo que acalambra el estómago del espectador, petrificado entre el odio justificado y la simpatía políticamente incorrecta.

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