12 de abril 2001 - 00:00

Ni Pitt ni Roberts: el héroe es un "Soprano"

Ni Pitt ni Roberts: el héroe es un Soprano
«La mexicana» («The Mexican», EE.UU., 2001; habl. en inglés). Dir.: Gore Verbinski. Int.: J. Roberts, B. Pitt, J. Gandolfini, C. Guerra, B. Balaban y otros.

Con «La mexicana» se produce uno de esos casos en los que una historia secundaria, o un actor de reparto, no sólo terminan siendo más interesantes que la trama principal y sus estrellas, sino que si no fuera por ellos toda la película se iría a pique. Habitualmente se denomina la «rebelión de los personajes contra los deseos del autor» y es algo que parece muy literario y pomposo. Pero que existe, existe.

Mientras Brad Pitt, presuntamente el héroe del film, se la pasa haciendo tonterías en México luego de que sus jefes mafiosos lo mandan allí a rescatar una pistola de colección (recién al final de la película se conocen los motivos de la misión, y es decepcionante), en Las Vegas, el matón James Gandolfini toma como rehén a Julia Roberts, novia de Pitt, para asegurarse de que éste cumpla con la orden. ¡Cuánto mejor hubiera funcionado lo último como argumento principal!

La historia de la pistola (llamada «La mexicana») y su leyenda, contada de muchas mane-ras; las tribulaciones de Pitt en tierra mexicana entre burros, balaceras, coches robados e inter-minables problemas para hacerse entender en español; sus insufribles peleas de pareja con la Roberts (que cuando no se enoja pone la sonrisa de agradecer el Oscar); las caras de malos de los jefes mafiosos y, finalmente, el desenlace, con la aparición de un actor «top» que no figura en los créditos y que la producción se reserva como sorpresa, son irrelevantes y triviales.

Gandolfini

Pero cada una de las apariciones de Gandolfini (protagonista de la serie « Los Soprano»), el gángster que debe sobrellevar una tarea de la que no termina de convencerse y cuyas muchas contradicciones lo vuelven alternativamente violento y sensible, son formidables. Gandolfini tiene un secreto que la Roberts descubre tardíamente, y que convierte a la relación entre ambos en una extraña mezcla de sometimiento y complicidad.

Es verdad que esto nada tiene de novedoso, y que en los cafés con confidencias que ambos toman juntos hasta resuenan tenuamente algunos ecos de
«Analízame», la comedia psico-gangsteril con Robert De Niro, pero es en este tipo de escenas donde, en todo sentido, se advierte el peso de un actor.

Claro, a cada rato están interrumpidas por el bonito de
Pitt escapando de los tiros y tratando de pronunciar correctamente la palabra «dinero».

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