Notable ejemplo de interacción danza y plástica

Espectáculos

«Plataforma». Obras de G. Prado y S. Rivas; A. Garat/P. Beamonte y C. Cappa y M. Bellotto y L. Ferrari. (Centro de Experimentación del Teatro Colón.)

El estreno de «Plataforma» corrobora, una vez más, que hoy la danza contemporánea no puede concebirse sin una profunda interacción con las artes plásticas. La escenografía, el vestuario, el diseño de iluminación y los recursos multimedia resultan imprescindibles para la concreción de una obra coreográfica moderna. Alrededor de esta premisa giran los tres trabajos presentados por el Centro de Experimentación del Teatro Colón, en el subsuelo del mismo, que por ahora, parece ser el único espacio utilizable para actividades musicales y coreográficas.

«Andén» es una coreografía y performance de Gabriela Prado, con video-instalación y sonido de Silvia Rivas. Proyectada en dos paredes formando un ángulo recto, sobre una tarima Prado desarrolla una interesante escritura coreográfica. Muy «térre á térre», acostada sobre uno de sus flancos, su movimiento lleno de sensualidad exhibe indicios del paso del tiempo, quizá muerto, de una espera. El andén al que alude el título también se liga a la sinergia que provocan las locomotoras, el correr de un galgo o imágenes abstractas que acompañan este devenir que no posee historia.

El espectador se traslada, luego, a otra sala lateral del CETC. En ella se desarrolla «Dúo para ella sola». La interpreta Ana Garat, coautora del disiño con Pilar Beamonte. Es un audaz juego de imágenes, donde la bailarina en vivo se confronta con las imágenes proyectadas creando un ballet fluido y bello que hace interactuar realidad e ilusión. Atractivo desde el punto de vista coreográfico, y con un fuerte impacto visual diseñado por Carolina Cappa, el trabajo es otra búsqueda de experimentación espacio-tiempo, donde la plasticidad de la imagen es determinante.

«Arquitectura de la locura: Habitación 361», de Mariana Bellotto presenta una tercera plataforma al nivel de tierra en la que bailan Bárbara Hang, Ana Laura Lozza y Juliana Piquero (excelentes las tres en sus contorsiones y giros y zapateos), sobre sonidos creados por Federico Zypce que incluyen hasta el vals de «La Bella Durmiente», de Tchaikovsky. Las imágenes de las bailarinas, tomadas cenitalmente, se visualizan en un cuadro proyectado de León Ferrari, que las atrapa como en un laberinto. La intervención de la danza en el cuadro del artista plástico («Arquitectura de la locura») alude al caos y el absurdo de la vida contemporánea.

La perfecta comunión lumínica y cinética de «Arquitectura», como la de las otras dos obras vistas en espacios diferentes -la de Marina Bellotto se juega en la sala central- habla de la fértil utilización del Centro de Experimentación y de la consolidación de un espacio de investigación necesario, que debería ser utilizado cada vez con mayor frecuencia.

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