Ricardo Romero: "No hace falta inventar mundos alternativos, con la realidad basta"

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En sus casi mil páginas conviven todos los géneros, desde la ciencia ficción al policial, el thriller, la ciencia, la filosofía y la política.

En un mercado literario de novelas breves, autorreferenciales o que utilizan livianamente los códigos de la novela policial, la aparición de “Big Rip” (Alfaguara) de Ricardo Romero, con sus casi mil páginas, un enjambre de historias y una desmesurada distopía que mezcla ciencia ficción, thriller, ciencia, filosofía, política, narrativa intimista y confesional, puede ser vista como una estimulante provocación. El entrerriano Romero es licenciado en Lenguas Modernas y editor de Gárgola Ediciones y Ediciones Aquilina, donde aparecieron las óperas primas de algunos de los nombres más destacados de la nueva narrativa argentina. Romero ha publicado un libro de cuentos y ocho novelas, entre las que se destaca la consagratoria “Historia de Roque Rey”. Con la novela “Je suis l’hiver” – que “está entre ‘Fargo’ y ‘Twin Peaks’”- ganó en Francia, en 2017, el Premio Fonds National des Arts. Dialogamos con él.

Periodista: Al contar de un mundo que se expande y derrumba, ¿su novela advierte que la pandemia actual y la crisis global son señales apocalípticas?

Ricardo Romero: Si bien la novela la escribí antes de la pandemia siento que dialoga con lo que nos está pasando. Hay cosas que estaban en el aire y la pandemia las exacerbó. Naturalizamos muchos procesos de nuestro modo de relacionarnos con el mundo, y eso los invisibiliza. Hay mucha rareza en estos procesos, están llenos de ritos extraños, a veces absurdos. Un sacudón reiterado lleva a revisarlos, sirve para encontrar nuevos caminos. Más aún cuando se están revisando las identidades, las estructuras sociales. Más allá de la tragedia que implica una pandemia, es una oportunidad para desnaturalizar ciertos procesos crueles en los que nos movemos.

P.: ¿“Big Rip” trata de la posibilidad de que estemos viviendo una de las crisis del Gran Desgarramiento que marca el fin del universo?

R. R.: Aun cuando muchas ideas que atraviesan la novela apuntan a la teoría del Big Rip, esa hipótesis de la cosmología física que describe el desgarramiento que produciría el final del universo, mi novela es una historia que recorre la intimidad, la soledad, de una variada gama de personajes. El desgarramiento, al que hace referencia el título, es también el personal, en que cada uno entiende el mundo. Ellos tratan de contar su vida y beckettianamente fracasan una y otra vez. Y tienen que rearmarla con los pocos pedazos que su conciencia y su memoria les permiten. En cuanto a ese dato científico inicial lo utilizo como una herramienta poética. Cuando los científicos hablan de la materia oscura, metaforizan, dan un nombre a algo que no saben qué es pero saben que existe, y a partir de ahí pueden investigar.

P.: Su novela parte de “un viejo muy viejo”, que parece un dios cansado; un tatuador y un empleado de correos que se hacen amigos por casualidad, y a partir de ahí se multiplican las historias en una ciudad que no para de transformarse caóticamente.

R.R.: El viejo es, acaso, un demiurgo senil que ya no sabe si fue alguna vez un dios. Es el último sobreviviente de un mundo donde la gente desaparece sin explicación, la ciudad se multiplica, todo se quiebra y desordena. El viejo que queda en esa ciudad que se vacía es el reservorio de las historias que se cuentan. Por ejemplo, la de esa galería en la que trabajan el tatuador y el empleado de correos que nos llevan a saber de múltiples historias. Todos conocemos, todos estuvimos, y no solo en sueños, en una galería semiabandonada alguna vez, es casi la experiencia de la modernidad.

P.: ¿Las novelas distópicas se han vuelto un nuevo realismo del tipo “si esto está pasando, y no me doy cuenta, está por pasar”?

R.R.: Es una forma profunda de realismo. Alberto Laiseca hablaba de realismo delirante, Mario Levrero se sorprendía cuando le decían que escribía literatura fantástica, porque él se sentía realista. La realidad es extraña. Yo no imagino mundos alternativos, cosas que no existen. Las figuraciones que propone mi novela existen. Los límites de lo real son mucho más difusos de lo que en general aceptamos. “Big Rip” bordea géneros populares como el fantástico, el terror, la ciencia ficción, entra y sale de ellos, no se queda en ningún lado, eso la hace difícil de encasillar. Esos géneros me sirven para correr los límites de lo pensable y lo imaginable. Pensar, por ejemplo, en lo monstruoso, nos enfrenta al otro, a lo que en la novela se denomina “el desconocido perfecto”. Yo trato de establecer un diálogo con esa figura absolutamente enigmática.

P.: ¿Su novela es una suerte de provocación?

R.R.: Puede pensarse como una provocación a la manera en que pensamos nuestro tiempo, a lo que le pedimos a las cosas: resoluciones, saber dónde estamos parados, adónde estamos yendo. Y sólo nos queda disfrutar más del paisaje. Hablar de eso tiene cierta lógica provocativa.

P.: Después de esta novela, que por lo desmesurada podría relacionarse con “Adán Buenosayres” o “Los Sorias”, ¿qué está proyectando?

R.R.: Tengo una novela gráfica, un comic. Quiero explorar otro tipo de articulaciones. Tengo, por otra parte, “Yo soy el invierno”, una novela negra –género en el que he trabajado como escritor y como editor- que se publicó en Francia el año pasado, y que espero que ahora se publique acá.

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