21 de noviembre 2001 - 00:00

Novelista se esmera en ser cursi

Laura Esquivel «Tan veloz como el deseo» (Barcelona, Sudamericana, 2001, 222 págs.)
Cocinar lo sentimental, extravagante y ridículo para hacer una digerible novela es el nuevo logro de Laura Esquivel (México, 1950), autora del bestseller «Como agua para chocolate» (5 millones de ejemplares vendidos, más película), donde ya hace 12 años manipulaba recetas con éxito. «Sí, soy neocursi, y qué», desafía la escribidora a los críticos. El menú que ofrece, esta vez, es menos posmo que el de «La ley del amor», aquella novela multimedia que incluía comics y un CD «para que el texto y la música se comunicaran». Con tales innovaciones se alejó de Corin Tellado, su modelo no dicho, y las lectoras la dejaron en los estantes. Esto la debe de haber decidido a engendrar algo de un rosa más convencional, lo más convencional posible. Por ejemplo, «hombre pobre, niña rica», que es como esa inversiones de «Cenicienta» que amasan las telenovelas. Además la condimenta con frases sentenciosas, aleccionadoras, para no olvidarse que fue maestra. Dice que «para poder perdonar es necesario aceptar lo que no se puede cambiar» o «amar es un verbo, uno demuestra su amor por medio de acciones, y una persona sólo se siente amada cuando otra le manifiesta su amor con besos, abrazos, caricias y muestras de generosidad, una persona que ama, siempre procurará el bienestar físico y emocional de la persona amada».
 
Al estilo de
José López Rega, en sus psicóticos escritos, Laura Esquivel hace emblemáticos a sus personajes, animizando conceptos. Sus protagonistas se llaman Júbilo, Lucha y Lluvia. El resto son, por lo menos en el nombre, más normales. La autora sabe que lo del «realismo mágico» ya tiene monumentos como García Márq uez, sin declararlo, postula un «realismo esotérico», porque la new age aún da dividendos (si no, que lo diga Paulo Coelho), agregando toques mayas, al estilo Ludovica Squirru. Hace que Júbilo, protagonista y «papi» de la tan femenina como sermoneante narradora, además de telegrafista sea vidente, o «psíquico» para quienes dedican tiempo al canal «Infinito».

Como en una telenovela «Tan veloz como el deseo» cuenta de como el telegrafista Júbilo, un hombre capaz de hacer feliz a otros, vive una historia de amor, pasión con la «niña bien» Lucha. Y de celos porque Lucha es acosada por Don Pedro, el cacique del lugar. Esquivel sostiene que escribió contra la incomunicación, la globalización y a favor de las emociones simples, algunas personas deben creerle para regresarla al bestsellerato.

Manuel Soler Herrera

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