En su nuevo libro Oriana Fallaci se entrevista a sí misma para poder realizar nuevas críticas a los políticos de Occidente que ve débiles frente a los fundamentalistas.
Nueva York (ASN) - «Tal vez Oriana Fallaci sea la única persona en el mundo con capacidad de entrevistar a Oriana Fallaci. La única que ella encuentre suficientemente preparada y seria para transmitir su pensamiento correctamente, sin disfraces, sin sucesivas turbaciones y quejas», escribe Fallaci con inmodestia en «Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci», su nuevo texto, que luego de haber aparecido en Italia como suplemento en un diario, completado con un epílogo de 130 páginas, se convirtió en libro, en un nuevo polémico besteseller. Su jactancia no es una rareza, tiene con que sostenerla, Oriana Fallaci, la periodista que en los años '70 y '80 se consagró como la entrevistadora más osada del mundo, en todo caso, acumula otras rarezas. Se niega a enviar sus textos a los editores, que deben ir personalmente a su casa a recoger los originales. La celebridad del personaje y el éxito de ventas compensan sus excentricidades a los editores que pasan por la experiencia de tratar con ella.
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Durante casi una década, Oriana desapareció para el mundo. Aquella periodista a la que no se resistía ningún entrevistado, fuera Yaser Arafat o el ayatolá Jomeini, se convirtió en una sombra en mitad de Manhattan, encerrada en su departamento. Los atentados del 11 de setiembre en su amada Nueva York la impulsaron a volver a escribir. En los últimos 3 años, luego de la publicación de sus invectivas contra el Islam o la homosexualidad, ha vuelto a responder al teléfono porque puede tratarse de un policía que quiere controlar que se encuentra bien -ha recibido varias amenazas de muerte-o Ariel Sharon, como ha ocurrido, para felicitarla por sus ideas.
A los 74 años, Oriana Fallaci sigue viviendo sola entre Florencia y Manhattan, aislada en su casa la mayor parte del tiempo y con contadas relaciones. «Para que abra la puerta, se debe hacer una señal determinada porque tiene miedo de que intenten matarla», explica uno de sus pocos visitantes.
Sus tres libros («La Rabia y el Orgullo», «La Fuerza de la Razón» y «Oriana Fallaci se entrevista a si misma - El Apocalipsis») que nacieron de artículos publicados en el «Corriere della Sera» y la revista « Panorama» después de los atentados del 11 de septiembre, vendieron cerca de un millón de ejemplares, cada uno, en Italia. El único lugar del mundo donde no tienen ese éxito es justamente en el país que trata de defender, Estados Unidos, donde «La rabia y el orgullo», se dice, apenas vendió unos 40 mil ejemplares. Ahora, «La Trilogía de Oriana Fallaci» incluye sus libros actualizados con las novedades informativas, en particular la posdata titulada «El Apocalipsis» en el reciente libro, que aparecerá en castellano, donde se entrevista a sí misma. En su autoreportaje explica que lo realiza «porque la muerte me acosa, aunque el cáncer cultural y político que vivimos es mas grave que el mío», y con su típico estilo, franco y directo, comenta con mordacidad acerca de la sociedad, la maldad del islam, la debilidad de Occidente y arroja dardos contra los políticos que gobiernan el mundo, se trate de Berlusconi o «el insoportable» Zapatero.
En Italia y en Europa (sobre todo en Francia), sus ataques han resultado muy rentables. Según ella, vende porque es la única que se atreve a decir que «el rey está desnudo», como el niño en la fábula. «La gente está sola en Occidente», escribe, «nadie les dice las cosas que yo digo y han encontrado esta madre que les cuenta la verdad. Son ellos los que se compran a sí mismos. Les digo lo que piensan y no saben que piensan». Según «Oriana Fallaci se entrevista a sí misma», lo que piensa la gente sin saberlo es que el Islam moderado no existe, que los inmigrantes invaden y violan la cultura europea.
La autora, que dice adorar la muy demócrata y multicultural NuevaYork como «la capital de Occidente», defiende el concepto de matrimonio de George W. Bush, aunque puede que el presidente republicano la traicione en este aspecto porque, ya elegido, ha sugerido que no dará prioridad a la enmienda constitucional para definir el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Claro que Fallaci considera al presidente de EEUU demasiado de izquierda para su gusto. Aunque ha dicho que respeta «la dignidad que había sido olvidada en Estados Unidos durante ocho años» (por Clinton) y que Bush ha devuelto a la Casa Blanca. Sus años gloriosos fueron los '70 y '80, cuando consiguió entrevistar a los grandes políticos de la época. La florentina logró lo que pocas mujeres a fines de los años 50 en la prensa italiana: ser corresponsal de guerra en Vietnam, Pakistán, Cercano Oriente y Latinoamérica.
Entrevistó a Indira Gandhi, Willy Brandt, Yaser Arafat, el ayatolá Jomeini, Martin Scorsese o Clark Gable, entre muchos otros. Sus técnicas periodísticas eran «controvertidas», según los diarios de EEUU, partidarios de un estilo donde el entrevistador no es protagonista. La modestia nunca fue precisamente una virtud de Fallaci, quien atribuye su brillantez a su personalismo. «Cada entrevista es un retrato de mí misma», declaró a «Time», «son una extraña mezcla de mis ideas, mi temperamento, mi paciencia y todo eso guía las preguntas».
Sus libros de aquellos años nada tenían que ver con los actuales. Entre sus novelas, «Un hombre» cuenta la historia de Alekos Panagoulis, héroe de la resistencia griega y su amante en los 70 (tras una entrevista). «Inshallah» (1990), es la historia de las tropas italianas en El Líbano. Sus bestseller incluyen «Entrevista con la historia», clásico del periodismo con sus grandes conversaciones con políticos y actores, y «Si el sol muere», sobre la exploración espacial de Estados Unidos.
Desde los 90, permaneció lejos del periodismo y en absoluto silencio, ahora, a punto de cumplir los 75, sólo se dedica a los comentarios ocasionales contra sus «bestias negras» y a escribir su gran novela, en la que lleva años trabajando, y dice que «la única persona en el mundo por la que traicionaría mi promesa de no tener nada que ver con el periodismo es Osama Bin Laden».
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