21 de noviembre 2002 - 00:00

Otros amores de estudiantes

Otros amores de estudiantes
«El tiempo de ser felices» («Get Real», Gran Bretaña, 1998, habl. en inglés). Dir.: S. Shore. Int.: B. Silverstone, B. Gorton, C. Brittain y otros.

Hay amores de estudiantes no empañados por el jura-mento de hoy, la traición de ma-ñana o la breve duración de la flor, conflictos que sólo parecen cantarse cuando Juan se enamora de María. Pero en este colegio Juan se enamora de Juan, romance que ya abruma lo suficiente a la película como para autodisculparse por no profundizar en otras ulterioridades sentimentales. Una pena: mucho más interesante habría sido ver un film de amor que una enésima película «anti-prejuicios».

Curiosamente esta es una producción inglesa, pantalla con una amplia y rica tradición en el cine de tema gay, y de donde han surgido obras maestras y muy audaces para su época como «Víctima» (1961), de Basil Dearden, con un extraordinario Dirk Bogarde y un guión implacable, por citar sólo una.

Brad Gorton (John) y Ben Silverstone (Steven) en "El tiempo de ser felices": "Por un mirar que ruega, perder la quietud...".

«El tiempo de ser felices», en cambio, es simplona, didáctica y aleccionadora, lo más pare-cido a la película de un país que acaba de salir de un extenso período de censura y que empieza a producir, con fines docentes, sus primeros títulos en libertad, como ocurrió en la Argentina con «Adiós Roberto» y «Otra historia de amor» durante los primeros años de Alfonsín.

Steven tiene un alto cociente intelectual, un padre intolerante y retrógado (huelga aclarar qué es lo que más le molesta en la vida), y una inocultable debilidad por el atlético John, sonrisa de galán, bronceado campeón de maratón e ideal romántico entre sus condiscípulas (esas mujercitas sonrientes que juran virtud, como diría Le Pera, pero que acá no se dan cuenta de nada, las muy ingenuas).

Steven suele escaparse del colegio para concurrir a un parque con baño público, lugar de citas furtivas entre homosexuales. Una mañana se lleva la sorpresa de su vida: encuentra allí a John, quien sin embargo no está tan seguro como él de sus inclinaciones, y a quien la posibilidad de que alguien pueda siquiera llegar a sospecharlo le provoca pánico. Hasta ese momento, Steven tiene una única confidente, la rolliza Linda (Charlotte Brittain, de lejos la mejor actriz de la película), pero su incipiente nueva relación lo impulsa a dar batalla, por primera vez en su vida, contra las barre-ras de esa banda de homofóbicos entre la que se mueve.

La película no deja de tener algunos momentos chispeantes, especialmente aquellos donde la comedia sofoca un poco la discursividad y el monoconflicto. Por el contrario, escenas como la de los recuerdos de John sobre su primer contacto homosexual están actuadas con tan escasa credibilidad y un sentimiento tan falso, que hasta se llega a pensar si al actor
Brad Gorton no le habrá fastidiado el papel. En cambio Ben Silvers-tone, en el protagónico, se muestra mucho más convencido. En el discurso final, con aplausos, sólo falta Robin Williams deslizando un lagrimón.

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