25 de septiembre 2002 - 00:00

"Para ser valiente hay que tener miedo"

Antonio Tabucchi
Antonio Tabucchi
Roma - Antonio Tabucchi ha regresado a sus orígenes metafísicos y rebosantes de poesía y sensualidad con un libro basado en el mundo del desasosiego de lo íntimo y de los sentimientos, del amor y la melancolía. Su nueva novela, de estilo epistolar, «Se está haciendo cada vez más tarde», que acaba de distribuir Anagrama, y a la que su autor considera «una pequeña comedia humana de bolsillo», está lleno de citas de poetas: Emily Dickinson, Leopardi, Rilke, Walt Whitman, Pessoa o Vittorio Sereni. Por otra parte, en toda su obra los poetas, empezando por Pessoa, están presentes de una forma u otra.

Periodista: ¿Qué ha significado para usted, un narrador que ha mezclado formas y materiales con total libertad, la poesía?


Antonio Tabucchi:
Como diría Freud, es la proyección de un deseo. Nunca escribí poesía. Ni siquiera lo he intentado. Nunca. No es el género con el que sienta que me puedo expresar. Una vez, me preguntó un gran poeta portugués, un amigo muy querido y admirado, Alexandre O'Neill: «Antonio ¿por qué no escribís poesía?» Le dije: «¿Cómo se hace?» Me respondió: «Muy simple. Normalmente los narradores llegán hasta el final de la página. En la poesía, no. Empiezas, y cuando oigas la campana de la máquina que dice clinc, cambias de línea». Tomándolo a broma, me estaba diciendo que la poesía era un lenguaje muy sutil. Leo poquísima narrativa, algunos autores que me gustan mucho, pero en general no la frecuento. Mi lecturas preferidas son la poesía y filosofía, sobre todo la poesía. En mi bagaje memorístico quedó grabada mucha poesía. Que ya ni siquiera es memoria, forma parte de mi lenguaje, a menudo me sale fuera sin que me dé cuenta. Por ejemplo, en este libro, las citas ni siquiera se pueden calificar de citas. El protagonista de la carta está escribiéndola y de repente le viene a la cabeza un verso.

P.: En «La gastritis de Platón» (1999), su respuesta a un artículo de Eco sobre el papel de los intelectuales, hay una dedicatoria: «A la querida memoria de Leonardo Sciascia y Pier Paolo Pasolini, con mucha nostalgia». ¿Qué quiso expresar?

A.T.: La nostalgia manifiesta una ausencia, algo que falta. A Pasolini no lo llegué a conocer personalmente, pero tuvimos una pequeña correspondencia. Fue en 1975, cuando publiqué mi primer libro, «Piazza d'Italia». Yo era un total desconocido y él me escribió una carta muy afectuosa. En cambio a Sciascia lo conocí en vida. Cuando las personas están vivas, su presencia es reconfortante, ayuda. Pero cuando están ausentes es cuando se siente su necesidad, se las añora. Cuando escribi ese libro, y ahora también, en mi país, Italia, sentía muy fuerte la ausencia de Sciascia y Pasolini. Dejaron un vacío muy grande. También es cierto que Italia ha cambiado y mucho. Pasolini lo había previsto, hubo grandes mutaciones. Y las posiciones de ellos, en aquel momento, eran muy valientes. Durante mucho tiempo intenté comprender de dónde podía venir esa valentía. Y me acordé algo que me decía mi abuelo paterno, el anarquista, con el que crecí y que en su día tuvo grandes problemas con el fascismo italiano. Me decía siempre: «Para tener valentía hay que tener miedo». Entonces comprendí que Sciascia y Pasolini habían tenido mucho miedo por lo que estaba pasando en Italia en aquellos años. Cosa que, en cambio, ahora no pasa con los intelectuales, hoy no sienten ningún miedo.

P.: En su libro «Se está haciendo cada vez más tarde» aparecen varios personajes que
son científicos. En general, las referencias a términos biológicos, médicos o astrofísicos son un motivo que se repite. ¿Qué interés despierta en usted el mundo de la ciencia?


A.T.:
Leo mucha, además de filosofía, divulgación científica, dado que desgraciadamente no tengo una formación científica y me tengo que contentar con estos acercamientos. También, por supuesto, leo libros de científicos que se dirigen a un público menos preparado, más vasto. Me interesa mucho. Y me interesa porque creo que hoy la ciencia está muy cerca de la filosofía. En ciertas cosas, quizá ha llenado un vacío que la filosofía había dejado. Y, sobre todo, la metafísica. En determinado momento, después del positivismo, la metafísica desaparece. No existe una elaboración metafísica de la filosofía en la modernidad. Es cuando llega la ciencia, la física experimental, y ahora también la biología, y elaboran toda una serie de teorías, de posibilidades, que son casi metafísicas. Por ejemplo, la idea de la clonación es una idea metafísica. Que por otra parte también es la puesta en práctica de un cuento de Borges. O, si no, por ejemplo, todas esas teorías sobre la formación de la materia, sobre la energía, sobre el universo, que siempre van más y más allá. No pueden dejar de interesarme. Y siempre intento entender, seguir, continuar leyendo.

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