Amigos, vecinos y comedidos, el tonto del pueblo, que encima es metido y alcahuete, y algunas señoras matan el tiempo entre chismes y malicias, mientras sus hijos planean irse a la gran ciudad, o intentan aplicar sus estudios agrotécnicos, y una chica tiene dos amores, para sorpresa y callada envidia de la protagonista, que deja pasar la vida frente al televisor o la ventana. Hasta que viene el temporal del título, que puede ser breve, pero se viene y deja todo patas arriba.
¿Y después? Uno de los méritos de esta obra es precisamente su medio tono. Nadie va a andar gritando a lo loco, ni haciendo teatro, pero hay una procesión afuera, medio en broma, y otra que va por dentro, bien en serio. Y nadie va a terminar una relación de forma violenta, nadie va a agarrar la escopeta... o sí, pero de un modo inesperado para todos. Un modo, digamos, muy de pueblo. Hombre de la Generación del '60,
Caben algunas objeciones menores: la forma en que se hace un pedido de almacén, la demora en ver unas pocas planillas, y, cuanto mucho, la escasez de tomas «muertas», de esas que van preparando el clima para la tormenta. En compensación, la obra dura exactamente 76 minutos. Lo cual recuerda otro refrán, que acá puede aplicarse, acerca de lo bueno cuando es breve.
Rodolfo Ranni, Enrique Liporace y Héctor Giovine integran el buen elenco de "Temporal", sencillo drama pueblerino que el director Carlos Orgambide relata con estilo clásico y un acertado medio tono.
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