6 de febrero 2003 - 00:00
"Persiste la antinomia civilización o barbarie"
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Periodista: ¿Cómo llegó este Manual a sus manos?
Ciro Zorzoli: Lo encontré hace mucho tiempo en un negocio de libros antiguos, pero recién este año me decidí a trabajar con él. Es un libro que regla toda la conducta social desde el levantarse hasta el acostarse, incluso en actividades que escapan a nuestra voluntad de control -como, por ejemplo, las que ocurren durante el sueño-y sin embargo están regladas. El libro indica que no hay que hacer movimientos fuertes durante la noche para que el cobertor no se deslice de la cama, lo que es un absurdo. Todo el tiempo se insiste en marcar lo que es «natural» en la manera de caminar, de comer o de mover el cuerpo. Pero en realidad esta convicción da por resultado una construcción de la naturalidad totalmente artificial.
C.Z.: La idea es dominar las pasiones y todo tipo de exceso a través de las conductas de urbanidad, con la intención de que nuestras acciones siempre resulten agradables a los demás, más allá de lo que uno sienta o le suceda. Hay una fuerte impronta en relación a la mirada del otro; pero toda esa codificación nos lleva a preguntarnos: ¿qué es eso tan peligroso que hay que controlar todo el tiempo? Una de las reglas exige reprimir el dolor y la tristeza para no «turbar el placer de los demás» al compartir la mesa. Pero lo paradójico de estas reglas es que más que permitir una comunicación real y fluida, hacen que todo se vuelva ficticio y lleno de obstáculos. El libro fue escrito en pleno auge del positivismo y en el está muy presente la idea de lo sucio, lo grosero y de todo aquello que puede resultar molesto para los demás. Lo correcto y natural está siempre vinculado al aseo, la limpieza y el autocontrol.
P.: Son las fuerzas del orden contra el caos, digamos.
C.Z.: Y las de la civilización contra la barbarie. Yo diría que se trata de la misma antinomia. Desde el criterio del conquistador, cuando algo es considerado salvaje o sucio y sin posibilida des de ser asimilado, debe ser destruido. No hay lugar para el diferente, porque éste es peligroso para el orden establecido, que siempre busca igualar a través de reglas e eliminar toda tipo de particularidad. Por eso, si uno está triste lo tiene que reprimir en la mesa, para no molestar al resto.
P.: ¿Cómo se refleja todo esto en su obra?
C.Z.: La obra se centra en un grupo de personas nómades que ejercen rutinas de saneamiento para liberar un determinado sector de todo lo que pueda resultar sucio, peligroso o que pueda tentar a alguien. Ellos se encargan, además, de colectar y guardar elementos del entorno. La idea de armar una colección también responde a una gran necesidad de orden, ya que nos permite sentir que generamos un mundo cerrado en donde no hay lugar para el caos.
P.: ¿Con esta obra buscó reflejar el momento actual.
C.Z.: No fue nuestra intención, si bien es cierto que fuimos montando la obra en medio de un clima social muy confuso, que todavía continúa. Nunca apuntamos a la situación actual, porque en realidad la obra muestra como se ha conducido nuestra sociedad desde siempre. De todas formas, creo que algunas cosas van a resonarle al público de manera muy especial, por más que esta serie de reglas de convivencia hayan sido superadas.



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