El Colón cerró decorosamente su accidentada temporada
lírica del año con «Capriccio», última y compleja
ópera de Richard Strauss.
«Capriccio». Pieza de conversación para música en un acto. Mús.: Richard Strauss. Lib.: R. Strauss y C. Krauss. Dir.: S. Lano. Régie: W. Weber. Esc. y vest. : M. Salvioli. Int.: V. Correa Dupuy, H. Iturralde, S. Gómez, L. Garay y otros . Orq. Est. (Teatro Colón). Repite: 6 y 9/12.
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A raíz de la supresión de «Turandot» en la última fecha de la temporada lírica del Teatro Colón, el estreno sudamericano de «Capriccio», «pieza de conversación para música en un acto» de Richard Strauss con libreto propio y de Clemens Krauss, pasó a ocupar el cierre de la accidentada temporada lírica 2005.
«Capriccio» no pudo quedar fuera de las generales de la ley y, para su concreción, se cambiaron director de orquesta (OlafHenzold por Stefan Lano), hubo que recurrir a Florencia Sanguinetti para que repusiera la régie de Wolfgang Weber, quien en vista de la suspensión de la temporada se fue antes del estreno y se sustituyeron cuatro cantantes internacionales por artistas del elenco nacional.
Si, después de todo esto, pudo apreciarse una versión más o menos decorosa de la obra, es cierto que en el Colón, a veces, se producen milagros. «Capriccio» es una larga reflexión de dos horas y 25 minutos sin intervalo sobre la preeminencia de la palabra sobre la música o viceversa, con citas de compositores de la época en que transcurre la acción (París en el siglo XVIII), y referencias a Wagner, quizás su modelo.
La variedad estilística de presenta «Capriccio» en su peculiar neoclasicismo, no impide la elaboración por parte del compositor de una pieza de extremado refinamiento, con combinación de música de cámara y sinfónica, además de la voz humana. La obra está inmersa en las preocupaciones estéticas de un Strauss septuagenario, que se plantea cambios a la par que dudas. En esta especulación se ha querido interpretar una falta de compromiso del compositor, que compuso su última creación en la Alemania dominada por el nazismo, y la estrenó en Munich en 1942, con los campos de concentración como el de Dachau funcionando a pleno.
La meticulosa exposición de los detalles sonoros, la convivencia entre la música de cámara y los arrebatos orquestales de cuño straussiano, el equilibrio de los planos y la sutileza en el acompañamiento instrumental de las voces ocuparon a Stefan Lano, quien condujo según la definición clara y contundente del estilo del compositor. Su labor, a pesar de lo apresurada, resultó óptima y lejos, lo mejor de esta producción. La régie de Weber se movió dentro de los cánones tradicionales y conjugó el estatismo con una actividad teatral fresca y elegante, en un marco estético bello y de relieve plástico.
En la interpretación de los papeles centrales hubo figuras destacables como Virginia Correa Dupuy, que cantó como soprano. Bien su musicalidad y trabajo escénico. Su condesa tuvo categoría. Hernán Iturralde, Sergio Gómez y Luciano Garay fueron eficaces en sus personificaciones, y Philibert y Cassinelli sobreactuaron un poco sus cantantes italianos. El resto del elenco cantó y actuó según sus posibilidades. En todos los casos se intuye que las actuaciones podrían superarse, pero es lo que hay.
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