26 de marzo 2002 - 00:00

Preguntas alarmantes

A veces se extrañan las discusiones puramente bizantinas. La pregunta, tan habitual en estas horas, sobre si fue justo el Oscar a la película bosnia en perjuicio de «El hijo de la novia» debería ser sustituida por otra, más alarmante: «¿Podremos ver en la Argentina la película bosnia?» O más específicamente: «¿Podremos los argentinos seguir viendo cine como hasta ahora?». O más grave todavía: «¿Se podrá seguir produciendo cine?». La escapada del dólar está respondiendo con la peor de las opciones.

El distribuidor local del ganador film bosnio «Tierra de nadie» posee desde hace tiempo los derechos para su explotación en el país, pero no sabe cuándo podrá estrenarla. En otras circunstancias, desde hoy mismo estaría preparando su lanzamiento para aprovechar la repercusión del premio. Otro tanto ocurre con «Monster´s ball» (el film por el que ganó el Oscar Halle Berry), aún sin título en español. La lista podría continuar.

Aunque hasta hoy la cartelera de cine no haya dado muestras de desabastecimiento, podría tratarse de un espejismo de difícil continuidad. Las próximas semanas parecen surtidas pero, ¿hasta cuándo? El material que se viene estrenando, en la mayoría de los casos, o bien ya tenía copias pagas y estaba en sus latas a la espera del estreno, o bien se trata de títulos de las filiales norteamericanas de los estudios «major», que continúan con su política de lanzamientos en territorio argentino pero estudiando con mucha atención el terreno.

Actualmente, una película necesita un mínimo de 45.000 espectadores para empezar a cubrir los costos, un piso que sube a diario según la marcha de la moneda norteamericana. Las copias hechas en el país se cotizan al valor del dólar libre: hoy cuesta alrededor de 8.000 pesos una copia en la relación 4 a 1 con el dólar, lo que hay que multiplicar por un promedio de 20 copias para un lanzamiento modesto, y con una entrada al cine clavada en el mismo valor que cuando la copia costaba 2.000 pesos, es decir, antes de la salida de la convertibilidad. Aumentar la entrada en esta recesión es impensable. Si el distribuidor decide importar la copia en lugar de hacerla en el país, debe pagar un impuesto de casi 80% del valor. Mientras tanto, las autoridades económicas y de cultura ni siquiera contemplan la posibilidad de algún tipo de exención, facilidad o desgravamiento que evite el eventual y temido páramo cultural en materia de cine que se avecina día a día.

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