4 de junio 2001 - 00:00

"Procedo igual para hacer de mujer, de mono o de ejecutivo"

Lorenzo Quinteros.
Lorenzo Quinteros.
(01/06/2001) "Hacer de mujer para un hombre o hacer de hombre para una mujer no es tan difícil. Si tuviera que hacer de mono trataría de sentirme mono. Es lo mismo que hago si tengo que hacer de ejecutivo. Sólo hay que buscar esa sensorialidad que los hombres tenemos escondida porque todo el tiempo intentamos demostrar que somos bien hombres."

Así define Lorenzo Quinteros la composición del personaje que encarna en la obra «Siempre lloverá en algún lugar». Acompañado por Pablo de Nito y con dirección de Mauricio Minetti, esta comedia de Manuel Maccarini que se estrena hoy en el teatro Estudio describe un día en la vida de dos mujeres maduras que se aíslan del exterior porque sufren de fobia.

Periodista: Uno de los requerimientos del texto de Maccarini era que las dos mujeres estuvieran encarnadas por hombres. ¿Qué sustento tiene eso?

Lorenzo Quinteros: El travestismo tiene que ver con el cambio, con la transformación, la obra termina y ellas están en camino de convertirse en hombres. Pero hay otros que se convierten en vándalos, ellas hablan de seres con orejas largas, es decir, la gente se transforma según su necesidad.

P.: ¿Cómo se siente con el personaje de mujer?

L.Q.: Es la primera vez que hago de una mujer y me entusiasma porque lo que más nos interesa es encontrar la femineidad de nosotros mismos. Es un trabajo de sensorialidad y no de imitación o de parodia. Tiene que ver con encontrar otra manera de tocar las cosas, el hecho de usar tacos altos cambia toda la conducta.

P.: ¿Cree que con estrenos recientes como «Orquesta de señoritas» o «Monólogos de la vagina» hay un nuevo énfasis en el travestismo o el tratamiento de la sexualidad?

L.Q.: El travestismo estuvo siempre presente en el teatro. Shakespeare hacía travestismo, Molière lo hacía, Tirso de Molina. Creo que es común a la historia del teatro y acá tenemos importantes exponentes que lo han explotado como Gasalla, Tortonese, Urdapilleta. Esta cosa de ser otro en el teatro tiene su máximo eslabón cuando se encarna al sexo opuesto.

P.: ¿Por qué «Siempre lloverá en algún lugar?

L.Q.:
Porque cuenta un día en la vida de dos mujeres entradas en años que viven en algún lugar de la Argentina. Se llaman Clotilde y Ema. Viven en una situación de mucha paranoia, con miedo a salir, a que las roben o las vejen. Viven en una sociedad que simboliza bastante nuestro presente y nuestro futuro, donde todo se transforma, la gente y las ideas. Los personajes estudiaron en los años ´60, militaron en los '70 y ahora están guar dadas en su casa-búnker tratando de destruir aquello por lo que habían luchado. Allí aparece los más interesante que es una suerte de revisión de la historia argentina de los últimos 40 años. Además la gente se divierte muchísimo porque pinta una situación de delirio pero sobre todo se va pensando «qué nos está pasando a los argentinos».

P.: ¿Diría que la obra se inscribe en el teatro político?

L.Q.: No queremos decir a la gente cómo pensar o bajar línea. Creo que éste es un teatro político en tanto se ocupa de la sociedad, de la gente y de nuestro futuro y no en el sentido de dar una clase, cosa que me horrorizaría. Me interesa un teatro que dialogue y hable de la realidad, que no esté en una esfera que para entenderlo haya que estar codificado dentro de esos términos.

P.: Se refiere a un teatro más «de elite»...

L.Q.:
Exacto, no disfruto del teatro para el teatro. Me interesa el teatro para la vida. Pienso en un teatro que crezca estéticamente, no me interesa un arte separado de lo real, el artista no puede estar aislado y morderse la cola a sí mismo. Vive una realidad que lo angustia o que lo alegra y es eso lo que le devuelve a lo real, y quizá con crítica.

P.:¿Cree que toda buena obra debe tener crítica?

L.Q.: Creo en un arte crítico, que ayude a crecer a la gente, a verse en un espejo y a crecer.

P.: ¿Ese es el tipo de teatro que se hace actualmente?

L.Q.: Hay de todo. El teatro argentino siempre fue igual, tuvo una gran porción dedicada a repetir lo que hace en los centros culturales mundiales. En este caso es Estados Unidos, en otro momento fue Europa y ahora también hay un teatro alemán que ha generado corrientes, se hacen estas comedias importadas casi totalmente, hasta viaja el director también.

P.: Pero le dan trabajo a los actores locales.

L.Q.:
Por supuesto. Pero también existe un teatro que llamaría universal que establece la relación entre los autores, directores y su comunidad, de ahí surge algo más genuino. En la época de los Podestá se hacía un teatro dirigido a los españoles que vivían acá y miraban las obras sintiéndose que estaban en Madrid. Ahora también hay gente que cree que está en Nueva York.

P.: ¿Y eso le parece mal?

L.Q.:
Lo que está mal es que sea tanto el desnivel. Que haya tanto dinero para producir lo que viene de afuera y tan poco para apoyar nuestro teatro, eso es lo que más cuestionaría y no que haya teatro de todo el mundo. Ojalá fuéramos visitados por teatros japoneses, asiáticos, africanos.

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