E n el marco de la serie «Contextos de la Colección Permanente» el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, presenta un conjunto de retratos psicológicos realizados entre 1909 y 1914 por el artista austríaco Oskar Kokoschka, nacido en 1886 y fallecido en Suiza en 1980. La juventud de O.K. como solía firmar sus obras, transcurrió en Viena donde estudió en la Escuela Imperial y Real de Artes y Oficios.
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En 1908 expuso por primera vez causando un considerable escándalo entre la crítica y los círculos artísticos vieneces donde se ganó el mote de «der tolle» ( el loco). Fue el arquitecto Adolf Loos, una de las más destacadas personalidades de la intelectualidad vienesa de principios del siglo XX, el que le brindó su patrocinio y apoyo incondicional al presentarlo a su círculo de amigos, entre ellos Klimt y Kandinsky quienes le encargaron numerosas obras, principalmente retratos y fue en este período en el que se enamoró de Alma Mahler, que más adelante lo dejó por Walter Gropius. «Cuando pinto retratos, lo que me preocupa no es fijar en la tela lo externo de un ser humano, el rango o los atributos de su preeminencia espiritual o mundana o su procedencia social. Lo que en tiempos provocaba el desconcierto de la sociedad ante mis retratos era lo que yo intentaba averiguar a través de los rostros, de los gestos, de los ademanes, para, por medio de mi lenguaje plástico reproducirlo en un documento visual como suma total de un ser vivo» ( Kokoschka dixit).
La exposición reúne un conjunto representativo del particular estilo que Oskar Kokoschka desarrolla ya en su etapa de juventud y, más concretamente, de su novedosa concepción del retrato y de la maestría que alcanzó en la representación de la figura humana. Se ponen de manifiesto las principales características de su arte: su gran expresividad, el uso de una gama de colores muy restringida y, sobre todo, su inconfundible trazo violento.
Expresividad
En los retratos el artista enfatiza los sentimientos del modelo en detrimento del parecido físico, una de las más importantes aportaciones de este artista al retrato moderno. Pincelada fluida y alargada, es principalmente en las manos y el rostro donde vuelca toda su expresividad. El aire introspectivo de los personajes, la ausencia de elementos que definan su status social o su ocupación son el fiel reflejo del pensamiento del artista. Kokoschka fue profesor en Dresde donde se establece entre 1916 y 1924, año en el que emprende un largo viaje por Europa, Oriente Medio y el Norte de Africa. Vuelve a establecerse en Viena en 1931 pero ante el ascenso nazi en 1934 se traslada a Praga. En 1937 su arte fue clasificado como degenerado y fueron confiscadas un buen número de sus obras. Huyó a Inglaterra donde se ganó la vida como maestro y retratista. Finalmente, en 1953 se estableció en Villeneuve, cerca de Ginebra.
Su último cuadro «Teseo y Antíope», comenzado en 1958 en el que trabajó dieciseis años y dejó sin terminar es, según Robert Hughes, la obra neoexpresionista de un verdadero expresionista.
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