10 de marzo 2001 - 00:00

"Rosarigasinos" abre el fuego en la competencia

Dumont, Grande y Luppi
Dumont, Grande y Luppi
(09/03/2001) La primera de las dos películas argentinas en competencia en el Festival de Mar del Plata, «Rosarigasinos», se presenta mañana a la noche, es decir, en un día y un horario privilegiados. «Eso me pone nervioso, es como estar en el ojo del huracán», confiesa el joven director debutante Rodrigo Grande. En cambio, pudo dirigir lo más tranquilo a sus protagonistas: Federico Luppi y Ulises Dumont.

La película narra las peripecias de dos amigos que salen de prisión tras 30 años presos y se sienten extraños y desarraigados en el mundo que cambió. La jerga denominada «rosarigasino» existió realmente en las cárceles rosarinas a principios del siglo XX. Era una especie de lunfardo inventado por tres cómicos rosarinos en los años '20, que luego pasó a las cárceles y que consiste en agregar en una palabra, entre la vocal que tiene acento y la terminación, la partícula 'gas'. Así, «rosarino» se dice rosari-gas-ino».

Periodista: ¿Cómo hará el público para entender la jerga «rosarigasina»?

Rodrigo Grande:
Yo también me lo pregunto. Y además quisiera saber cómo habrán hecho los subtítulos en inglés. Pero son unas pocas palabras, bastante comprensibles.

P.: Usted había empezado con un corto sobre incomunicación entre padre e hijo, «Juntos in any way», con Norman Briski.

R.G.:
Claro, primero estuve un poco en la Universidad del Cine de Manuel Antín, filmé un corto con Martínez Suárez como actor (ahí nos hicimos amigos), después trabajé de asistente, etc., e hice «Juntos...», que se difundió dentro de «Historias breves II», producido por el INCAA. Sobre eso, estar entre los seleccionados, filmar en 35 mm con $ 40.000, fue un privilegio bárbaro, en el conjunto había trabajos muy buenos, como «Alma-Zen», «Líneas de teléfono», «Vete de mí», «¡Ratas!», «Tanto te gusta ese hombre», etc., pero a la hora de estrenar, o de ir a los festivales, el INCAA nos dejaba huérfanos. Yo fui al Festival Internacional de Cortometrajes de Clermont-Ferrand, y veía a los brasileños con un stand impresionante, iban en patota, hacían lobby, se movían como corresponde, sabían vender. Por algo ahora tienen un corto candidato al próximo Oscar. En cambio nosotros...

P.: Le fue mejor preparando su primer largometraje.


R.G.:
Mientras terminaba el montaje del corto empecé a escribir «Rosarigasinos». Se lo mostré a José Antonio Martínez Suárez, le gustó mucho, y se entusiasmó con producirlo. Luego se lo pasó a Federico Luppi, que nos dijo «cuando la hagan, yo estoy». Lo mismo dijeron Ulises Du-mont y el director de fotografía Félix Monti. Entonces le pedí a Luppi que le alcanzara el libro a Adolfo Aristarain, para saber su opinión. Arista-rain me citó en un café, me dijo dónde estaba la fuerza del libro, qué cosas le cambiaría, etc. Al tiempo me llamó de nuevo: quería invertir un remanente de «Martín (H)» en mi película. No lo digo ahora, pero de veras Martínez Suárez y Aristarain son los cineastas que más admiro, y tenerlos como productores me halaga muchísimo. Sospecho que confían en la película. Es un error, pero me halaga.

P.: Entonces, todo miel sobre hojuelas.


R.G.:
Cuando lo escribí tenía 22 años. Ahora tengo 27. Supuestamente, íbamos a empezar el rodaje en seis meses. Siempre estuvimos a pocos meses de f ilmar. Pero conseguir los inversores que faltaban, y el crédito del INCAA, nos llevó años. Además, teníamos que filmar en Rosario. Se puede «mentir» Rosario en algunos lados de Barracas, o de Parque Patricios, pero las orillas, el río, no hay en ninguna otra parte. Por suerte la municipalidad se hizo cargo del alojamiento, comida, y demás gastos del equipo. Qué placer personal, volver a mi ciudad con semejante equipo, y también para José, que pasó allí su adolescencia.

P.: Luppi y Dumont hacen de porteños.

R.G.: Al contrario, hacen unos rosarinos auténticos, desde comerse las eses en adelante. Y con ellos están Tito Gómez, que es el actor más emblemático de Rosario, Francisco Puente, que va a sorprender (él ha hecho publicidades, pero vestido de Papá Noel, así que nadie lo registra demasiado), María José Demare, Claudio Rissi, Emilio Bardi, Atilio Pozzobón, el que hacía de hincha de Boca en «La Revista Dislocada», y que después se retiró a otro tipo de negocios...

P.: Un elenco de peso. ¿No se sentía medio apabullado?


R.G.:
Le digo, son muy profesionales. Y cualquier actor profesional sabe que no puede avasallar. Si la dirección, la iluminación, la historia, van en un sentido, no pueden ponerse en contra. Se ponen a favor. No usan la película para resaltar cada uno por su cuenta, ni para competir entre ellos. Luppi, Dumont, todo el elenco, tuvieron la generosidad de ponerse al servicio de la historia, y le dieron vida de manera asombrosa. Lo mismo hizo el Chango Monti con la luz. Con Luppi-Dumont, en ningún momento sentí que estaba ante dos estrellas, sino dos personas amigas, que incluso trataban de ayudar cuando los demás teníamos problemas.

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